Poseidótica. Un viaje sonoro hacia la introspección

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Poseidótica. Un viaje sonoro hacia la introspección

Conocí Poseidótica hace algunos años, pero no los escuché por primera vez hasta mayo pasado. Me enteré de la banda un verano en Mar del Plata, cuando me presentaron a Marto, el bajista. Esa tarde la charla no giró alrededor de la música, sino de lo que le estaba pasando a cada unx en ese momento.

Emi, la China, Marto y yo tomábamos mate sentadxs en dos lonas de tela sobre la arena, muy cerquita de la orilla, muy cerquita de todas las personas que también habían decidido ir a la playa. El sonido, envolvente y abrumador, venía del mar y del bullicio. Era fácil distraerse, pero también era fácil volver. Antes habíamos pasado por una panadería a comprar chipá y ahora comíamos hablando de diferentes tipos de apegos, de lo que nos costaba dejar ir, de las expectativas, de las ganas de viajar, de las renuncias y las rutinas, de qué posibilidades había de que el peronismo ganara las elecciones, y de si íbamos al Club Tri esa noche o cada unx hacía diferentes planes.

Meses después, el sábado que Emi cumplía años, yo musicalizaba la noche y Marto estaba ahí. A partir de ese momento, las charlas con él se volcaron un poco más a la música, pero seguía sin darle play a Posei. Nuestro vínculo estaba marcado por otro tipo de conexión: las conversaciones giraban siempre sobre cómo nos sentíamos. Recién habíamos atravesado una pandemia, creo que la necesidad de sacarlo todo para fuera y compartirlo, de encontrar en el otrx algún atisbo de refugio y comprensión, era más fuerte que todo lo demás. 

Pero finalmente, el momento llegó. En mayo de este año, Poseidótica iba a tocar en ArtLab y nuestros amigos de Mardel vendrían para esa fecha. Decidí que no quería escucharlos por primera vez en Spotify, sino en vivo, así que me guardé las ganas. 

Esa noche, ArtLab se había llenado de gente y yo me sentía ansiosa por escuchar a la banda. Emi se acercó para decirme: “Aguante Waldo”, y me contó que era el baterista de Poseidótica y que había sido el baterista de Los Natas, banda que sí conocía y que me gustaba mucho. Ese dato ya me daba una pista de lo que podía escuchar, pero aun no lo dimensionaba. Me causaba gracia ese juego que había hecho conmigo misma de decidir escucharlos por primera vez en vivo, porque realmente no sabía con lo que me iba encontrar. 

Una luz azul tornasolada, el silencio de repente y unos primeros sonidos en el escenario indicaron que sucedería lo inevitable: Poseidótica estaba a punto de tocar y yo por descubrir que con ellos podía iniciar un viaje hacia mi interior, potente y reparador. 

Sonó el primer tema y lo primero que hice fue girar la cabeza hacia Emi con una expresión del tipo: “¿De qué me perdí todo este tiempo?”. Aparecieron muchas preguntas, pero no las iba a hacer esa noche, prefería sumergirme en esa experiencia que tenía de todo: visuales espaciales en una pantalla curva gigante, luces blancas, azules, violetas, verdes y rojas, dos guitarras, una batería, un bajo y dos músicos invitados, un violinista y un percusionista. 

Todo el tiempo tuve la necesidad de descifrar el género, pero era una mixtura difícil de etiquetar: rock progresivo, stoner, psicodelia, western, heavy, punk. Tocaron completo El Dilema del Origen (2015) -supe después- uno de sus álbumes más queridos. El Dilema del Origen atravesaba diferentes momentos que, si cerrabas los ojos, te llevaban a un centro del universo imaginario y a su vez real, porque todxs lxs que estábamos ahí, estábamos en serio en un viaje: viendo una guitarra y la otra, Waldo en la batería, y mi amigo en el centro del escenario, tocando el bajo como si fuera una guitarra más, haciéndolo sonar como si cantara.

Mi amigo -con el que tantas veces había compartido todo menos música- y su banda, me estaban sacando de una realidad para llevarme a otra, más sentida, más táctil, más inmensa. 

Foto: Mariano Rodríguez Álvarez

Marto vino hace unos días a casa así lo entrevistaba para esta entrega. Entre mates y la seriedad que merecía el encuentro -porque no podíamos ser los mismos que toman mate en la playa- empezamos: 

An (A): Poseidótica comienza su historia a finales del año 2000 y, escuchando sus discos (en especial, El Dilema del Origen), se me viene a la mente “2001 Odisea del espacio”, la peli de Stanley Kubrick. El sonido expansivo y la creación de un ambiente sonoro espacial de Posei me llevan a ese universo infinito y abismal de Kubrick. Aunque el soundtrack de la película sea música clásica, me gusta creer que Kubrick preparó el escenario visual o estético para las bandas de rock progresivo y experimental de la época. De hecho, la peli se hace a finales de los ´60, donde estos géneros estaban en auge. ¿Qué bandas influyeron a Poseidótica para decidir crear una banda de rock instrumental expansivo?

Marto (M): Darío Argento (director de cine de terror italiano) tenía películas musicalizadas por bandas de rock progresivo. Películas como Profondo Rosso o Suspiria, fueron musicalizadas por una banda que se llamaba Goblin.

A finales del año 2000, nosotros teníamos alrededor de 20, 21 años, estábamos saliendo de la adolescencia y todo eso nos gustaba. Éramos mucho de la fantasía, de la ciencia ficción. Creo que uno cuando habla de influencias tiene que hablar de literatura, pintura, cine, música.

A: Claro, de movimientos culturales…

M: Sí, porque no es que uno estaba influenciado por el punk y listo, hacías punk. Y quizás si la banda la armábamos a los 30 años, donde ya la vida te cagó a piñas y no estás tanto con esa ingenuidad, era diferente. Pero en el momento en el que nos juntamos, no había ataduras, hacíamos lo que se nos daba la gana, porque no es que queríamos hacer esto con el objetivo de pegarla necesariamente.

A: ¿Cuáles eran las expectativas en ese momento? 

M: Juntarse a tocar y a crear. Ese era el núcleo y hoy por hoy sigue siéndolo. Y en nuestro caso, respecto de las influencias, nos gustaba de todo. Heavy metal, por ejemplo, que en especial le gustaba a Hernandus, uno de los miembros fundadores que ya no toca más; y a mí, por nuestros hermanos mayores, me gustaba el rock más clásico, tipo Stones, Queen, Kiss, bandas legendarias como Black Sabbath, Zeppelin, Pink Floyd. Para mí fue una etapa medio de descubrimiento del rock argentino de los ´70: Color Humano, Crucis, La Máquina de Hacer Pájaros… ese rock progresivo que te la volaba. Mucha psicodelia cruzada con heavy metal, con influencias también de los 80’s, más The Smiths y The Cure, que a Hernandus también eso le gustaba mucho, Sisters of Mercy, también, más dark.

En ese momento lo que hacíamos era rock acuático, nosotros le decíamos así, nos parecía que teníamos un sonido -por cómo se usaban los delays, los efectos y demás- medio submarino, medio acuático, con una profundidad. El agua es profundidad, te sumergís en una música, yo creo que eso todavía hoy lo continuamos teniendo, pero ahora lo acuático se volvió expansivo.

Después, el hecho de ser instrumentales, nos juntamos a zapar, empezaron a salir los temas, que no tenían voces, nadie quería cantar, y en un momento dijimos: “Vamos a incorporar a alguien que cante”, hicimos una prueba con un chico y nos dijo: “Acá está todo, no hace falta nada, o sea, este tema ya está terminado, no necesita nada más, no tiene espacio para nada más”.

A: Necesitaban una mirada externa para que les confirmara lo que ya venía sucediendo

M: Sí, se ve que los temas ya tenían un principio y un final, una melodía que podría haber sido de voz, pero era de guitarra. Y bueno, seguimos en esa porque nos sentíamos cómodos así y no teníamos ninguna presión.  

La formación original de Poseidótica se conoce en el año 2000, en el barrio de Caballito, por amigos en común. Se juntan a zapar y a ir a recitales de Massacre, Fun People, Pez, Natas, Jaime Sin Tierra, Suárez. Conocen gente, se maravillan con lo que sucedía arriba del escenario y descubren -entre muchas cosas- que varias de esas bandas tenían también sus propios sellos discográficos. Después de varios años de ensayo, grabaciones de demos y algunas presentaciones en vivo (en 2003 tocan en Cemento), en el año 2005, editan su primer álbum: Intramundo. Santi, el guitarrista, era plomo de los Natas y conoce a Walter (Waldo), el baterista, a quien ya le gustaba Poseidótica y con el que forjan una relación que los habilitó a invitarlo a grabar el primer disco y luego, a formar parte de la banda (dato de color: la grabación de ese primer álbum se perdió y tuvieron que volver a grabarlo). El año que sacan Intramundo, los llaman para tocar en el Pepsi Music, el mismo día que tocaba Megadeth. Cuando Marto me cuenta esto, me dice: “Nos dimos cuenta que estábamos haciendo las cosas bien. No tengo una explicación de qué pasó, se lo atribuyo a la música que hacíamos y a la voluntad que teníamos para dar a conocer eso, a saber movernos y comunicarnos”.

A: Si bien la formación de Posei es bajo, batería y dos guitarras (Walter Broide en batería, Eugenio De Luca en guitarra, Cobra Rod -acá Marto- en bajo y Santiago Rua en guitarra) ustedes suman -en estudio y en vivo- sintetizadores, violines y elementos más techno, que son claves para la consolidación de su sonido: por momentos más experimental, por momentos más stoner, más metal, western, más jazzero y más punk. Al momento de la composición, cuando piensan en el sonido que quieren lograr ¿qué los lleva a decidirse por algún estilo en particular o sumar tal o cual instrumento? Por ejemplo, en Crónicas del Futuro, lo llamaron Ernesto Romeo (Klauss) con sintetizadores

M: El primer disco también tiene el tema Superastor, nos recontra copaba Piazzolla. Hay bastante influencia tanguera en Poseidótica.

A: También me hacen acordar a Pez en algunos momentos, y a su vez Pez me hace pensar en Piazzolla, en especial, cuando tenía el octeto electrónico

M: En el disco Quemado, Pez hace un cover de Piazzolla, nosotros lo veíamos, estábamos ahí, estaba sucediendo. También tiene mucho que ver la figura del productor. Nuestro segundo disco fue grabado y producido por Juan Stewart (bajista de Jaime Sin Tierra). En un momento, para el tema La Distancia, nos dijo: “¿Y si acá metemos un theremín y acá un piano Rhodes?”. El productor te muestra todas las herramientas y te orienta. En nuestro segundo disco ya éramos muy conscientes de qué manera íbamos a crecer: grabando en un buen estudio, con un buen productor, y además ya teníamos un manager.

Y después, la elección de Romeo como invitado tuvo que ver con que ya estábamos por grabar el tercer disco (Crónicas del Futuro) y dijimos: “Bueno, ahora qué hacemos, porque ahora en el tercer disco tiene que pasar a otra cosa, entonces bueno, vamos a esto, más futurista: los sintetizadores”. Le dijimos a Romeo: “Vení al estudio, traete todo”, y le mandamos un flete completo para que se traiga todo, bueno, no todo, porque tiene un montón de cosas, pero un flete cargado de todos los juguetes espectaculares que tiene: sintetizadores de los ´60, ´70. Después, en El Dilema del Origen hay violines y ahora en el último también, están muy elegidas las colaboraciones. Pero eso viene después, en el trabajo de producción, postproducción y mezcla.

A: Sus presentaciones en vivo logran una atención del público impresionante. Hay de todo, movimientos de cabeza, pogo y personas que tararean melodías. El sonido es envolvente pero también la decisión de las luces y las visuales es esencial en la creación del ambiente psicodélico y de viaje experimental que se genera en los recitales de Poseidótica. Además, suelen tener artistas invitados como fue en su momento Nekro y Marina Fages. ¿Cuál es la experiencia que esperan que viva el público cuando los ve? 

M: Una experiencia trascendental. Ni más ni menos. Cero ambición (risas). El viaje tiene que estar, es un viaje musical, un viaje mental. Y también es ir a tomarse una birra. No hay que hacerlo todo tan solemne. Cuando vas a ver una banda estás viviendo un momento. Y para nosotros cada vez es un aprendizaje y es diferente, nunca va a ser igual. 

A: En el 2016 dieron a luz a su propio festival: Viaje de Agua, que se realizó en 4 oportunidades. Dos escenarios y bandas reconocidas -nacionales e internacionales- tocando en simultáneo. ¿Cuál fue el origen de esta idea? ¿Hay posibilidades de un Vol. 5? 

M: Sí hay posibilidades, pero no creo que este año. Es una energía y una dedicación muy grandes. Y además tiene que acompañar el momento económico, porque es algo que implica mucha inversión. La primera vez -en Vórterix- tocó de invitado Edelmiro Molinari con nosotros, de Color Humano y Almendra, fue hermoso, un éxito y dijimos: “Vamos a volver a hacerlo”. Así que subimos la apuesta y los demás los hicimos en el Konex.

Nuestra idea siempre es el aprendizaje de qué hacer y cómo hacerlo. Una vez que lo entendemos, lo hacemos nosotros. Después de que Alejandro Almada fuera nuestro mánager, seguimos solos, de él aprendimos un montón. Lo mismo cuando armamos nuestro sello, Aquatalan Records, para poder editar nuestros discos. Eso lo aprendí yendo a la UMI (Unión de Músicos Independientes), me asocié y dije: “A ver cómo se hace para sacar un CD”. Ahí por suerte te explicaban todo y bueno, yo aprendí así, por curiosidad.

Y el sello nació porque bandas como Fun People y Pez, por ejemplo, tenían su propio sello y nos inspiraron. 

Nosotros siempre dijimos: “Vamos a tocar con todos”, porque el under es muy amplio. En esa época me gustaba ir a ver a Los Peyotes, El Mató, The Tormentos, Valle de Muñecas, entonces de repente nos empezamos a cruzar con todos. Tocamos con Los Natas, Dragonauta, Buffalo, todas las bandas de ese palo, pero de repente podíamos también tocar con El Mató, cosa que sucedió, o con Prietto Viaja al cosmos con Mariano. Y así nos fuimos mezclando con todos, y creo que a partir de esa amplitud nació el concepto de Viaje de Agua y las ganas de hacer nuestro festival, en el que confluyeran muchos géneros. 

En el segundo volumen, por ejemplo, tocó Motosierra, de Uruguay, Morbo y Mambo, Güacho, Atrás Hay Truenos. El tercero fue un escalón más alto con Hablan por la Espalda, también de Uruguay, Los Antiguos, Sur Oculto y Paula Maffia, por ejemplo. Y en el último (2019), cerró Massacre. Ahí ya nos la jugamos y contratamos un headliner. Fue mucho trabajo pero fue lindo.

A: Hace muy poquitos meses editaron su último disco Las palabras y la realidad. Entre el último álbum y este pasaron 9 años, varios sencillos en el medio y Viaje de Agua. ¿Qué disparó la decisión de grabar un disco nuevo y en cuánto tiempo lo hicieron? 

M: Además de la pandemia, tuvimos un cambio de integrante muy, muy importante. Nos supimos sobreponer, aprendimos que van pasando cosas en la vida que te van sacando de un lugar y te ponen en otro. Tuvimos varios reemplazantes de Hernandus, eso también hizo que se nos estirara mucho entre un disco y el otro, pero el ingreso de Euge (guitarrista) en 2020, con una frescura y con otra impronta compositiva, nos dio impulso para grabar.

En este disco hay otras sonoridades. Me parece más amplio que los anteriores, tiene muchas guitarras acústicas. Siempre el objetivo es diferenciarse de lo anterior. De hecho, en este álbum hay 8 productores: uno por cada tema. Queríamos un resultado distinto pero que mantuviera la esencia de la banda, ese era el desafío. 

Empezamos a componer con la entrada de Eugenio, a finales del 2020, y a grabarlo en junio del 2022. En el medio tocamos, y todo el 2023 fue mezclarlo.

A: ¿Todos los discos vienen con un relato? Además de las letras

M: Sí, pero solo en el álbum físico, es como un incentivo. Está bueno indagar en el universo de cada banda. Los relatos los escribo yo pero hay una puesta en común, comentarios y mejoras siempre.

Les comparto un fragmento del relato del último disco: 

Las palabras y la realidad 

Mi nombre es Tyler. No tengo muchos recuerdos de vidas pasadas. De hecho tampoco puedo precisar con certeza mi edad. Siendo ahora el año 2524 y habiendo nacido en algún momento de (creo) 1980, calculo que debo tener entre 543 y 544 años. Visto así parece una eternidad pero, por ejemplo, ¿Un año es mucho tiempo? No es fácil encontrar una respuesta para eso, más con todo lo que ha sucedido. 

La existencia, tan simple y tan compleja a la vez (…)

A: El próximo sábado 10 de agosto presentan Las palabras y la realidad en Teatro Flores con bandas invitadas como IAH, Undermine y WRRN. Una fecha en la que además van a celebrar los 24 años de la banda ¿Con qué show nos vamos a encontrar?

M: Vamos a tocar el disco completo, que no es algo que sucede siempre. En ArtLab tocamos entero El Dilema del Origen, eso fue esa vez. En especial cuando ya tenés un repertorio de 50 temas. Ahora será el momento de escuchar el disco completo con invitados. No seremos solo nosotros 4, más allá de las bandas que estarán en la previa, habrá invitados tocando con nosotros. También estamos ensayando algunas variaciones en los temas, algunas reversiones y un set de canciones viejas. Va a ser un show largo. Y el hecho de tocar por primera vez en un lugar emblemático como Flores, en el que nunca tocamos, va a ser algo diferente. Apuntamos a que sea un show memorable, siempre desde un lugar modesto, todo a pulmón, porque es un momento difícil, el contexto no ayuda. Por eso tratamos de no zarparnos con los precios de los tickets y hacer preventas. Son cuatro bandas y una viene de Córdoba, hay un esfuerzo grande. 

A: Al final se terminó armando tipo festival

M: Va a tener algo de ese espíritu también, de decir: “Che y a qué hora tengo que ir para ver a la primera banda” ¡Temprano! (risas) y te pasás una tarde ahí. A mí me gusta eso, descubrir alguna banda que no conozco y estar ahí compartiendo con gente, que se genere el espacio para compartir. 

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Cuando salimos de ArtLab la noche que escuché Poseidótica por primera vez, la sensación fue de plenitud, de sentir que existe algo más grande que puede entrar y rebotar en nuestro pecho como si fuese un latido más, una vida que se suma, un sonido que se expande; la sensación fue, además, de orgullo, y el abrazo final, camaradería y emoción. 

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