Sr. Tomate. El tesoro de su letra y un sonido eterno

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Sr. Tomate. El tesoro de su letra y un sonido eterno


Anochece, guardo mis cosas en la mochila, me despido con un beso, salgo de la facultad y pedaleo rapidísimo hasta la rockería del centro de La Plata donde trabajamos con Marti, yo en el turno mañana y ella en el turno tarde. La paso a buscar para ir hasta Meridiano 5° porque Sr. Tomate toca para celebrar sus 15 años. Sin saberlo nadie, ese sería uno de los últimos recitales de la banda.    

Meridiano 5°, la Vieja Estación y el Galpón de las Artes son de las zonas más lindas de la ciudad, con sus adoquines y la estructura antigua del tren. Las casas, los bares y cafés a un lado; y las vías del otro, me dan la sensación de que ese es el horizonte, como el mar en Mar del Plata. Y a mí el horizonte me da calma, me parece un abrazo que me rodea y me cuida: “Acercate, no hay más que esto, no te vas a caer”.

Marti y yo nos saludamos con amigxs y charlamos hasta que el murmullo se apaga, mientras que la banda se acomoda por completo en el escenario. Suenan primero la trompeta, la batería y la guitarra, para darle pie a la armónica, hasta que suena la voz de Poli:

Los cuchillos que clavé / que son parte de mí / tengo ya una colección / los veo relucir / y qué, si vos sabés que soy / coleccionista del dolor

A Sr. Tomate lxs conocí hace muchos años. Fue la gran escena joven platense, repleta de talento y voluntad de hacer cosas, la que me llevó a escuchar esta banda que increíblemente no me hace acordar a ninguna otra. Y entiendo que en esa particularidad hay una identidad que se forma gracias a la elección de los instrumentos -y el protagonismo que tienen en las canciones-, a la voz de Poli y a los coros de Shaman. 

¿Existe algo más reparador que una canción que suena e inesperadamente cambia todo lo que estás sintiendo? ¿Cómo puedo explicar lo que me sucede cuando ciertos acordes y letras se mezclan? Si escucharon Sr. Tomate entenderán, seguramente, de qué hablo. Esta banda pareciera tener 4 voces: la trompeta, la armónica, Shaman y Poli.

Si tuviera que hacer un esfuerzo por etiquetarlxs, diría que hacen folk-rock, quizás un poco más psicodélico en su último disco: Augurio.

Sr. Tomate es una banda de amigxs formada por Poli en voz, letras y guitarra, Edu Morote en batería y percusión, Shaman Herrera en guitarra y coros, Pedro Millenaar en armónica y coros, Alejandro Bertora en trompeta y teclados, y Hernán Montaño en bajo. 

Editaron 3 álbumes de estudio: Ritmo de vida (2008), Allá en la tierra (2012), Augurio (2015), y un EP: Desde el centro del naufragio (2019). 

No podría seleccionar solo algunas canciones, pero para que tengan alguna referencia (quienes no hayan escuchado la banda aun), les dejo un tema por cada disco:

  1. La tempestad: “Cuando estemos mal dame tu mano / te doy la mía / yo tampoco entiendo nada de nada / no nos preocupemos más / la tempestad de ser uno solo / y nada más”. La armónica y los coros de Shaman acá son icónicos.
  2. Después de la muerte: “Después de la muerte / voy a nacer de nuevo / después de la muerte / voy a buscarte / y llevarte hacia donde no fuimos / voy a mostrarte lo que no supimos”. Cuando tocaban este tema en vivo, la trompeta te hacía saber que no podía ser otra banda más que Sr. Tomate.
  3. Las sillas: “Me vuelven tus sonrisas a mi mente / las apago cada vez / que no me mienta mi coraza / oxidada y del revés / cree esperando / ya no confío en vos / las sillas se me rompen / con tus ojos mirando / te clavé el puñal ahí donde sentíamos / no quiero volver a ver sangre en el corazón”. La guitarra, los coros, la batería como redoblante y el teclado: 10/10.
  4. Remolinos: “Golpean las voces detrás / buscando cariño / durmiendo poquito / golpean las voces detrás”. Es una canción con un sonido más rockero y un tempo más veloz al que nos tienen acostumbradxs, pero suena la armónica y no hay dudas de quiénes son (esta letra fue escrita por Edu, con edición de Poli).

Creo que lo que representa la música -como los libros- para cada unx de nosotrxs, depende mucho del momento de la vida en el que escuchamos o leemos algo. Y puede ser que mi visión y amor a Sr. Tomate estén, también, atravesados por la que era yo cuando lxs escuché por primera vez. Seguramente, entonces, algo de esa nostalgia tenga su peso hoy, pero créanme que no era la persona más feliz en esa época, sino que era alguien que encontraba en esta banda un refugio, comprensión y compañía. 

Sr. Tomate fue y es una banda de músicxs talentosxs, creadorxs de identidad platense, hacedores del arte, amigxs que hacían canciones, artistas que en vivo generaban un oasis de sonido y gratificación colectiva. 

Por todo esto, hace unas semanas fui hasta La Plata y, como un viaje en el tiempo, Marti fue a buscarme a la estación de tren y me llevó hasta la casa de Poli para entrevistarla. Entre mates y la compañía de su perra Olivia, charlamos por más de una hora. Me dijo que hacía mucho que no hablaba con alguien de música y lo primero que le pregunté fue si la banda estaba en una pausa o no tocaban más:

Poli (P): Yo empecé a sentir algo muy personal con respecto a todo lo que había hecho con la música. Empecé a sentir que ya estaba, que todo eso ya estaba, que ya no tenía más para dar de esa manera. Entonces no me quedó otra que dejar las cosas que estaba haciendo. Pero no lo digo con dramatismo, sino como tomar una decisión; y dejé de tocar. 

No soy de planificar, pero soy una gran entusiasta, yo le meto. Y así pasaron veintipico de años con la música. Y cuando estábamos festejamos los 15 años de Sr. Tomate, ahí me bajó una data que dije “wow, qué loco”. Sentí mucha paz, mucha alegría de haber formado un grupo con gente que quería y que quiero, que fuimos muy compañeros durante muchos años.

Recuerdo que a ese recital fueron personas hasta con sus hijos. Me pareció espectacular todo lo que había pasado y sentí que bueno, ya está. Sentí algo que tiene que ver con una sensibilidad ¿viste? Y después lo fui procesando, creo que tocamos un par de veces y un día le dije a los chicos: “No voy a seguir tocando”.

An (A):¿Y cómo fue recibida esa noticia?

P: Con mucho respeto.

A: Sr. Tomate nace en 2003 en La Plata, ciudad cuna de bandas increíbles como Los Redondos y Peligrosos Gorriones. ¿Te acordás qué ibas a ver por esos años y a qué espacios? 

P: Yo era parte de una banda que se llamaba Círculo de Medianoche, donde hacíamos una especie de rock medio psicodélico, muy particular, donde laburábamos puestas en escena, como una especie de happening. Ese fue mi inicio en lo que es la música como puesta en escena, tocando para gente.

Siempre compuse yo sola, primero con una guitarra y después lo pasaba al grupo. Y en el 2003 tenía un par de canciones que me daba cuenta que no iban con esa onda, no era el sonido. 

Tengo el recuerdo de la ciudad de La Plata en los ‘90, que estaba todo destrozado, había un gran caos y una sensación de “no hay ningún tipo de futuro más que juntarse con la gente que tenés alrededor y hacer cosas”.  En esa época no necesitábamos mucho más que ganas e ideas, no teníamos guita ni instrumentos. Había lo que había.

Y para mí ahí empezó un nuevo sonido en la música, un under que tenía que ver con lo que estaba pasando: el under eran tus amigos y eras vos. Todo autogestión.

Entonces, para el año 2000 yo ya venía haciendo eso. Como que le había sacado un poco la ficha.

A: ¿En qué año te mudaste a La Plata?

P: En el ‘94. 

A: Y Sr. Tomate se forma 9 años después, ya te habías curtido para esa época entonces ¿no?

P: Sí, en ese momento yo aprendí muchísimo, empecé a juntarme con la gente que estaba ahí al lado haciendo cosas todo el tiempo. Nos sentíamos parte de una escena que la estábamos construyendo entre todos.

Y bueno, esas 7 canciones que tenía, que sentía que no pegaban con Círculo de Medianoche, las grabé en plan solista, en un demo, en mi casa con un compañero que tenía en ese momento, Ramón, que la tenía re clara para grabar. 

Paralelamente, en esa época yo no estaba bien de salud, tenía muchos problemas de estrés, de ansiedad, y comencé a hacer un tratamiento psiquiátrico.

Una de las actividades que me habían dado para poder aflojar la ansiedad era tener un vínculo con la tierra. Entonces, mis padres, que no vivían acá, vinieron con mi hermano y armamos una pequeña huerta en mi casa. La huerta creció mientras yo estaba grabando esos temas y vi que la planta más hermosa, que estaba en un rincón del paredón y le daba todo el sol, era un tomate, una planta de tomate.

Y también en ese momento me había entusiasmado con una banda de España que se llamaba Sr. Chinarro. Entonces, saqué el Sr. de Chinarro y se lo puse a la planta de tomate, quedó Sr. Tomate, el nombre de ese demo que grabé con siete canciones.

A: ¿Algunas de esas canciones después formaron parte del primer álbum?

P: Sí, me parece que todas.

A: Recién hablábamos de la década del 2000. Un momento de gestación y gran impulso para la escena indie-rock y folk nacional. La Plata fue protagonista de ese momento con El Mató, 107 faunos, El Perrodiablo, etc. Al ser una de las ciudades universitarias más importantes del país, con estudiantes de todos lados, se armaba una matriz cultural muy interesante. ¿Sr. Tomate forma parte de esta matriz? 

P: Claro, Shaman es del Sur, yo soy de Oriente, Pedro es de Tres Arroyos, Edu y Ale son de La Plata. Pero sí, porque por más que seas de acá, siempre te terminás topando con gente que no es de acá y ese intercambio se va a dar igual. Es una ciudad con una potencia y con una cualidad que yo no he conocido en otros lugares. Por eso también cuesta tanto irse, porque hay algo muy importante que se genera. La Plata tiene una identidad muy propia, hecha de un montón de retazos de historias de otros lugares.

Lo bueno de esta ciudad es que en un mismo recital podía haber una banda de heavy metal, una banda de hip hop y vos. Te relacionabas con bandas que musicalmente eran muy distintas, pero la manera de hacer las cosas, la manera de producir y todo eso era lo mismo.

La hermandad pasaba por ahí, no tanto por el estilo, pero sí por las formas. Y eso era lo que te unía. 

A: El primer álbum que editan es “Ritmo de vida”, del 2008. Disco que graban en la casa de Shaman, quien aún no se había sumado como guitarrista de Sr. Tomate. La elección de los instrumentos es particular y a su vez los convertirá en lo que son: una batería sonando como redoblante, la trompeta, la armónica, un teclado casi de juguete y tu voz. ¿Cómo se fue armando la banda? 

P: Más allá de que tal vez la idea inicial de una canción salía de una idea mía, los temas siempre fueron grupales.

Ritmo de vida fue el primer disco, pero anteriormente hubieron dos grabaciones de la banda, que fue La fruta desquiciada, con cuatro canciones, y Júbilo Sorpresa, dos EP. Esa fue la carta de presentación. Fue adrenalina pura, lo grabamos en mi casa con pocos recursos. Tengo el recuerdo de estar grabando la batería y a Edu, el baterista, no le escuchaba nada (risas). Grabamos también con los instrumentos que teníamos en el momento, por eso de repente teníamos esos sonidos.

Y este fue el primer disco que mandamos a fabricar, que también fue un gran hito en la banda. Hicimos nuestro propio sello: Chloe Discos. Imaginate que veníamos del caos de los ‘90: “No hay futuro, todo es una mierda”, a armar una banda y que de repente había gente que la empezaba a seguir. Y en ese momento también nos enteramos de Sadaic, de la UMI (Unión de Músicos Independientes) y empezamos a ver cosas, porque en ese momento no teníamos idea de nada, no había información sobre cómo proteger los derechos, de que la banda te genere un recurso económico y que la misma banda se auto financie. Pero con mucho esfuerzo lo logramos. 

A: Ese sonido del que hablábamos recién toma fuerza en el segundo disco: “Allá en la tierra”, del 2012. Varios de los temas son clásicos y en vivo se hacían sentir: Después de la muerte, Dibujo un corazón, Pensando demás. ¿Cómo se hizo este álbum? 

P: Sr. Tomate siempre tuvo esos instrumentos: guitarras, bajo, batería, armónica, teclado, trompeta y alguna otra cosa que aparecía, pero siempre fue una banda con muchos instrumentos y muchos sonidos y melodías bastante cargadas. No era solamente una banda de guitarras. 

A: No, de hecho las letras son muy imponentes. Rescatan aspectos muy cercanos a todxs: la soledad, la ansiedad, el desamor. ¿Es posible escribir sobre estos temas sin haberlos transitado? 

P: Te contaba que cuando arranqué con Sr. Tomate me daba cuenta de que tenía cosas que había aprendido de mi anterior banda y de haber pateado los ‘90. Bueno, exactamente lo mismo me pasó con la escritura. Yo arranco a escribir ahí, incluso antes de cantar.

Me parece que la escritura en mi vida primero tuvo que ver con sacarme de la cabeza palabras que me apabullaban. Es decir, mi ruido interno, el que tenemos todas las personas. Y me di cuenta que ese ruido podía escribirlo y después lo hacía canción.

No es que un día dije: “Voy a armar una canción”. Primero empecé escribiendo. Escribía, escribía, escribía cuando tenía 18, por ahí.

A: ¿Y en qué momento empezaste a darle formato de canción?

P: Antes de Círculo Medianoche yo ya había escrito un par de canciones. Lo que pasa es que nunca se las había cantado a nadie.

A: Pienso en la estructura de una canción, en el estribillo…no es sencillo. Es más fácil escribir y que quede lo que quede, que escribir una canción que tiene que encajar con la melodía y que además tiene que tener un sentido -en la mayoría de los casos- ¿no?

P: A mí me resultan difíciles otras cosas. Me resultan imposibles.

A: ¿Como qué?

P: Aprenderme los nombres de los acordes. Yo no lo puedo hacer, no sé, no puedo estudiar eso, no lo retengo (risas).

A: Pero igual los sabés tocar…

P: Sí, pero no sé ni lo que estoy haciendo. Yo me guío por el sonido. ¡Pero qué cosa que me encantaría poder hacer! En una improvisación me encantaría preguntar “Che ¿en qué está?” “La” “Listo”. Me encantaría, pero no lo puedo hacer. Me angustia, me agarra una cosa, me hace mal. Pero escribir y hacer una canción me sale fácil. Por supuesto que fui encontrándome, me fui descubriendo, fueron muchos años.

A: El proceso de escritura para mí es una combinación de fastidio, ansiedad, sanación y satisfacción. ¿Qué te sucede a vos cuando escribís? 

P: Yo quizás escribo una frase y ya está. Como una síntesis de algo que quiero decir. Pero siempre escribo cosas, en papelitos, una palabra, una frase, una idea.

A: Me decías que cuando eras más chica escribías para sacar todo el ruido que había ¿Sigue habiendo el mismo ruido que a los 18 años?

P: No, ahora estoy más calma. Pero hay tópicos que son fundamentales en mi vida para escribir. Que tienen que ver con una cuestión filosófica. Después puede tener una forma de historia de amor o no importa, pero es una cuestión filosófica, son preguntas que me hago.

A: Una vez dijiste que cuando no hay más preguntas para hacer, el sentido se diluye. Ahí aparece la pregunta como posibilidad, como disparadora de otras cosas ¿cierto?

P: Cuando yo no entiendo las cosas, las escribo. Me sale escribirlo. También soy una gran charlatana. Me gusta conversar. Pero escribiendo soy mucho más sintética. No sé si tengo una escritura muy pomposa, creo que soy bastante simple.

A: Sí, simple pero certera. 

P: Sí, porque me doy cuenta que las palabras son como adornos. Entonces busco cómo ponerlos, cómo utilizar la palabra. Por eso para mí el armado en sí es una construcción. No es tanto una escritura, sino una construcción, es muy importante qué palabras elijo.

También el sonido ayuda a cerrar eso que estoy diciendo. Es muy importante la musicalidad en lo que escribo, y generalmente lo que escribo tiene una melodía.

A: Escucharlos en vivo era una ceremonia. Tenían un público fiel. Había mucha potencia en el sonido, todxs son muy talentosxs ¿Qué es lo que más te gustaba del vivo?

P: Lo amaba y lo odiaba. Exactamente en el mismo plano. Lo amaba por esa cercanía que tenés con la gente y de compartir con tus amigos. Todo eso que estás haciendo en ese momento que va a ser irrepetible. Eso que vamos a transitar entre todas las personas, es otro hecho artístico en sí mismo.

Pero a su vez yo me sentía con mucha exposición y me costaba, tal vez no se notaba, pero por dentro lo padecí muchas veces. Antes, durante, después, a veces no y a veces sí, a veces un montón y a veces poquito. Pero nunca fui muy relajada. Tenía ganas de tocar y ganas de irme a la mierda. Pero por sentir ¿qué estoy haciendo? ¿por qué estoy acá arriba? Una loca de mierda (risas).

Mil maneras de sentir ¿no? Porque después es fabuloso. Yo tengo recuerdos increíbles. Nunca pensé que me iban a pasar esas cosas. Jamás en mi vida. Y estoy súper conmovida y orgullosa de haberme animado. Muchas veces tiene que ver sólo con eso, con animarse a hacerlo. Además, imaginate que siendo mujer, haciendo música, cantando, escribiendo, componiendo…

A: ¿Tenías alguna referente? 

P: Al comienzo, no. Pero después empecé a prestarle más atención a cantantes tipo Patti Smith. No a escucharlas, sino prestarles atención. “Ah, mirá esta chabona lo que está haciendo. Lo que hizo, lo que está haciendo”. Yoko Ono, Rosario Bléfari, las Cumbia Queers, Gabriela Epumer, Sandra, Celeste…están solas ahí en un mundo hostil ¿viste?

Al principio no me daba cuenta. Yo hacía y cantaba. Creo que fue muy importante la ola verde, porque yo empecé a darme cuenta de cosas que antes no las tenía tan presentes. Como que estaban ahí pero no las estábamos debatiendo tan arriba de la mesa. Y yo creo que también eso movilizó mucho: prestarnos atención, vernos, qué momento estaba pasando y qué estaba pasando en el mundo. Otra manera de ver también. No solo musicalmente.

A: El último disco que editaron fue «Augurio”, del 2015. Lo grabaron en ION (icónico estudio fundado en 1956, en el que grabaron Charly García, Serú Girán, Riff, Gabo Ferro y más) ¿Cómo llegaron ahí? ¿Se sentía especial? 

P: Sí, de repente se nos ocurrió averiguar, y no era tan caro. Alquilamos un fin de semana, estuvimos todos los días ahí, grabamos la mitad de los instrumentos de cada tema y después lo terminamos en otro en otro estudio que queda en el Gran Buenos Aires, en el conurbano.

Cada disco tenía una aventura diferente. Recuerdo que vestimos todo el estudio para nosotros. Llevamos una especie de escenografía y estuvo re zarpado.

Se sentía una cosa muy linda que era como estar dentro de una nave y arrancar un viaje y la nave va por el espacio y no sabés a dónde estás, pero está espectacular todo lo que está sucediendo. Fue una cosa así.

A: Claro, como formar parte de la historia también

P: Sí, porque hay un montón de cuadros de gente re grosa que grabó ahí y vos decís “Wow, qué loco estar ahora grabando acá”, fue muy lindo.

A: Y ahí grabaron todos los instrumentos al mismo tiempo ¿verdad?

P: Sí, fuimos ahí también porque es un estudio donde podés hacer eso, está preparado para que se pueda grabar en vivo. A mí siempre me interesó poder grabar así, porque es muy diferente grabar separado, por partes, es muy diferente. No digo que sea mejor ni peor, es diferente. Me gusta más cuando las cosas están grabadas todas a la vez, tiene otra impronta, otra energía. Me gusta grabar así “un, dos, tres, va y se graba”. No siempre se puede igualmente. Pero en Augurio grabamos casi todo junto y algunas voces y alguna guitarra quizás grabamos en el otro estudio, no recuerdo bien, pero quedó muy lindo.

A: En 2019 sacaron el EP “Desde el centro del naufragio”. Hay algo un poco más oscuro, más pesado quizás en el sonido de la canción “De sol a sol”. La trompeta es pura nostalgia, los teclados son sombríos ¿Participaron todos los integrantes en la grabación? Esto fue pre pandemia

P: Shaman ya se había vuelto al Sur, así que la guitarra la grabó Felipe. Después éramos todos nosotros. En YouTube hay tres videos. Si pudiera, cada tema que hice tendría una cosa filmada, me encanta el cine.

A: ¿Volverían a tocar? ¿A grabar otro álbum?

P: No sé, yo nunca digo mucho a futuro, no tengo ni idea. Ahora estoy en otras cosas, aunque siempre hago música, siempre escribo, tengo muchas canciones que podría seguir grabando. Me gusta mucho la idea de la grabación, de la composición de otro tipo de formatos. 

Me hizo bien verme un poco desde afuera también. Qué tengo ganas de hacer, qué me sale hacer, porque cuando estás metida en el asunto, no siempre tenés muy claras las cosas. Me hizo muy bien alejarme un poco y verme.

Ahora no es que agarro la guitarra y toco todo el tiempo, como pasaba antes, pero sí hay algo que nunca dejé de hacer que es escribir. Tal vez ahora venga un momento de darle otro formato a la escritura, que tenga que ver con otro tipo de musicalidad.

Como te decía, cuando escribo, escucho una música ahí, que no tiene por qué ser la melodía, sino otra cosa, otro ritmo. Pero no lo sé, no está definido.

Cuando hiciste algo durante tanto tiempo también sos eso, y cuando lo dejas de hacer, te preguntás: “¿y ahora quién soy? ¿sigo siendo eso o ya no lo soy más?”

Me gusta saber que por lo menos tengo esa necesidad de escribir.

A: ¿Cómo pasaste la pandemia? ¿Escribiste ahí?

P: La pandemia me agarró recién separada, recién mudada a un lugar totalmente desconocido, sin internet, así que me perdí todos los streamings, cómo hacer pan de masa madre (risas). Estaba sola, tenía solo la radio y la poca música que tenía en la computadora, y después un amigo -por suerte- cada 2 o 3 días me pasaba un par de cd grabados con películas. Así que fue muy flashero, muy loco todo.

Por suerte tuve la lucidez de aferrarme a algo que me salvó en ese momento, que fue el yoga. Recordar posturas y armarme una rutina. Me ponía un disco de Miles Davis y hacía yoga. Eso fue lo que me salvó. 

Pero lo más loco es que no escribí, no toqué, no grabé, no hice nada creativo. No tenía nada para decir. Es muy loco, porque mirá que había para decir eh.

A: ¿Para qué escribís?

P: Me parece que es una manera que encontré de poder juntarme con gente, de compartir, de decir lo que siento y lo que pienso. Tiene que ver con construir un universo surrealista, otra manera de ver las cosas, un poco de evadir la realidad también. Creo que es eso, me parece que es inventar un universo paralelo.

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Lo fantástico del arte es que podemos tomarlo como un regalo que nos queda, con suerte, para toda la vida. Sr. Tomate nos deja muchísimas canciones para volver a ellas las veces que queramos. Al menos yo atesoro sus discos porque me llevan a ciertos lugares que, de otra manera, no podría llegar. 

Por último, pienso en el final de Sr. Tomate y en el final de las cosas en general, y solo quiero decirles algo más: que lo difícil y la vorágine de esta vida no lxs haga olvidar lo importante de vivir un día a la vez. 

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Top 5 de Poli:

  1. Fantasía por cumplir o para que quede como fantasía: Volver a los lugares de donde salí. Yo vengo de Oriente, un pequeño pueblito. Me gustan los lugares donde veo un horizonte bien largo, donde se escucha el canto de las palomas, me gustan los girasoles, las perdices. Creo que la fantasía sería volver a convivir con ese tipo de vida. Volver a ese paisaje. 
  2. Libro o autor/a que recomiendes: Fiódor Dostoyevski, Philip Dick, Walt Whitman. “Robinson Crusoe”, de Daniel Defoe.
  3. Banda o cantante que estés escuchando ahora: Mercury Rev, Beach House, Velvet Underground, Mueran Humanos, Ed Maverick.
  4. Ciudad favorita para vivir: La Plata.
  5. Actividad infaltable del día: Tomarme unos mates cuando recién me levanto

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