Thes Siniestros. Los dueños del ritmo

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Thes Siniestros. Los dueños del ritmo

Esta historia podría haber sido un instante, apenas una noche de recital, un recuerdo perdido. Pero es la historia de un sonido que se expandió y encontró mil formas de hacer música, una que sorprendió y enamoró a muchos y que también enfureció a otros, a los fundamentalistas; aquéllos que quisieron encuadrarlos en un género. 

Esta historia empieza en La Plata, en el año 2009, en la rockería en la que trabajé y donde conocí a mis mejores amigas. Algunos de ustedes ya la conocen, fueron años fundamentales.

En ese local vendíamos remeras de bandas, pines, parches, mochilas, entradas para recitales. Grabábamos DVD´s con música -playlists curadísimas- que pasábamos en el local. Conocíamos bandas constantemente gracias a esos intercambios, a ir a recitales juntas y a las recomendaciones de los clientes. 

Éramos todas mujeres -mujeres muy jóvenes- que estudiábamos y necesitábamos trabajar, algunas vivíamos lejos de nuestras familias; no entendíamos nada, pero crecimos juntas y supimos encontrar un cauce en la música.

Flavio, el baterista de Thes Siniestros, era novio de Vero, una de nosotras, y así aparecen ellos en esta historia, que ahora será de ustedes.

Pura Vida, epicentro icónico de toques de bandas platenses, fue el primer lugar donde los vi. No recuerdo si hacía calor en general o si solo ahí, esa noche. Thes Siniestros salió al escenario. Todos vestidos de negro, todos enmascarados. La euforia de quienes ya los conocían me llevó puesta y yo me dejé llevar ahí, sumergida en un mar revoltoso de gritos, saltos y baile.

Lo que pasaba con Thes Siniestros en vivo no era solo un recital, un buen recital, era una experiencia que nos metía en espirales de catarsis y lisergia. Los primeros dos álbumes, Ritmo Vértigo y Forastería, tenían un sonido rockabilly, surf y chicano; en el tercero, Campos de Satán, se sofisticó más ese sonido.

Creíamos que lo bueno no duraba para siempre y podía perderse en un fade out, pero Thes Siniestros editó Dorado y Eterno, probablemente el mejor de todos sus discos.

Se sacaron los antifaces, transformaron la euforia, evolucionaron ellos y nosotros y entonces todo fue mejor, todo encajó de forma natural.

De nuevo, el cauce; de nuevo crecer juntos, ellos y nosotros, su público. 

Esta transformación dejó heridos en el camino, personas que quisieron rockabilly y antifaces para siempre, pero al mismo tiempo, gustó. Sin saberlo, necesitábamos eso nuevo que estaban creando, más calmo y a su vez, profundo. Sumaron teclados, sintetizadores y arreglos orquestales.

Con esta canción cerraron el último recital que dieron juntos en La Plata en 2022. Volvimos a encontrarnos los mismos de siempre, 13 años después. Fuimos sabiendo que esa sería la última vez que los veríamos en vivo, pero en vez de nostalgia lo que triunfó fue la gratitud de tener esa posibilidad. El auténtico como si no existiese un mañana. Y fue perfecto. 

Después de esa fecha no hubo más recitales, pero sí un disco más: Está naciendo el nuevo día. 

De esto y mucho más hablamos durante una hora con Juan y Marto en La Plata. 

Flavio, desde Berlín, sin haber estado presente, respondió lo mismo que ellos cuando les pregunté qué significó Thes Siniestros: “Fue un buen capítulo de mi vida, compartido con dos personas que considero mi familia”.

Para mí, Thes Siniestros fueron y son los dueños del ritmo.

Escuchen la crónica en este link.

Escuchen la entrevista en este link.

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