Eterna Inocencia. Ser sensibles es un acto político

Conocí Eterna Inocencia hace 15 años en La Plata, cuando estudiaba en la facultad y trabajaba en una rockería: un local de dos pisos en donde, junto a mis increíbles compañeras y futuras amigas, vendíamos remeras de bandas, accesorios (muchos, de todo tipo) y entradas para recitales. Sin contar lo desastroso que es su dueño, ese lugar era soñado y muy querido por lxs platenses y lxs miles de estudiantes que llegaban a la ciudad, quedando maravilladxs con todo, en especial, con la música que giraba ahí en esa época.
En el local aprendí mucho de música, al menos a saber a qué género pertenecía cada banda, porque las remeras las ordenábamos así, por género. Y además -y principalmente- porque teníamos la libertad de elegir qué música poner. Con las chicas nos lo tomábamos muy en serio, entonces armábamos playlist para poner en un DVD que estaba en el primer piso y así, cada una hacía su aporte. Lxs clientes y proveedores hacían lo suyo también y cuando entraban, si sonaba algo que les gustaba, nos recomendaban más música.
Escuchábamos NOFX, Misfits, Ramones, Queens of the stone age, Green Day, Social Distortion, The Smiths, Rage against the machine y Stray Cats, por mencionar sólo algunos. Nacionales sonaban un poco menos, pero había: Fun People, Los Natas, Todos tus muertos, NormA, Pez, 107 Faunos, Thes Siniestros, Mal Momento.
Un día, en el horario en el que nos encontrábamos todas en el local, porque nos íbamos las del turno mañana y llegaban las del turno tarde, alguien puso un compilado nuevo y entre abrazos de despedida y anuncios de lo que había pasado durante la jornada laboral, escuché: “Vamos mi vida / las fronteras son más fuertes hoy / en tu interior”, que venía de una intro potente, a la que se le sumaban instrumentos anticipando una melodía que -hoy sabemos- es un himno. No recuerdo quién trajo ese compilado, pero pregunté quiénes eran: “Eterna Inocencia”, me respondieron, y me hablaron del disco “Las palabras y los ríos”, de donde era la canción que había escuchado esa primera vez: “Nuestras Fronteras”.
Resulta que ese álbum estaba en la casa en la que vivía con una amiga y compañera de trabajo, pero nunca le había prestado atención. ¿Todo llega cuando tiene que llegar? Sí. Gasté “Las palabras y los ríos” (disco que está cumpliendo 20 años), escuché con todas mis ganas todos los temas, en especial, “Nuestras Fronteras”. Y acá quiero usar la palabra grito, pero no como algo descontrolado, como algo que asuste, sino como una fuerza que necesita salir y toma esa forma, la del grito. El hardcore usa este recurso y no es casual. El hardcore grita sus verdades. No es sólo una cuestión de estilo, es una decisión acerca de cómo transmitir el dolor, la injusticia, la denuncia. El hardcore drena a través de sus voces, sus guitarras distorsionadas y sus baterías a mil, lo que está mal y nosotrxs, el público, nos hacemos eco y lo gritamos también, en los recitales y posiblemente en cómo decidimos vivir. Guille, en esta canción, grita con todo su cuerpo: “Vamos mi vida / las fronteras son más fuertes hoy / en tu interior / y un alma pura no soporta tantos golpes, no! / arrastrálos hacia mí”. Lo escucho antes y ahora, y la sensación es la misma: alivio y gratitud.
Con el tiempo, conociendo la discografía de Eterna Inocencia -banda formada en Quilmes, provincia de Buenos Aires, en el año 1995, entendí parte del enojo de una generación rota por la injusticia social, la brutalidad policial y la impunidad. Conocía los hechos, pero por primera vez veía un movimiento que le hacía frente a eso: Buenos Aires Hardcore (BAHC). Eterna formaba parte de este grupo de bandas que dejaban registro de la historia; como Fun People, pioneros en cantar sobre el derecho al aborto, el veganismo y el medio ambiente, entre tantos otros temas. Cada banda tenía su particularidad. Eterna Inocencia focalizaba mucho en los procesos históricos, no solo nacionales sino también internacionales. Por ejemplo, en el disco “Las palabras y los ríos”, pueden escuchar “Mártires de Trelew”, que recuerda a los jóvenes fusilados por los militares en el ‘72; como también está “Saludos a los Maquis”, que rememora a los movimientos guerrilleros opositores al régimen franquista; en el álbum “La Resistencia”, encuentran “La risa de los necios”, que denuncia el asesinato de los militantes sociales Maximiliano Kosteki y Darío Santillán en el año 2002, a manos de la policía bonaerense; en “Entre llanos y antigales”, está “Mis maestros”, que dice:
Prepararé mis mejores sábanas / Porque mis maestros / Me han enseñado / Que a los compañeros hay que albergarlos / Sin preguntarles nunca / Hacia dónde es que van / A continuar su viaje / Mañana / El frío del tren / Acercando las distancias / Fue calando hondo en tu cuerpo / Y ahora sólo quieres descansar

Eterna Inocencia (EI) está formada por Guillermo Mármol (voz), Roy Ota (guitarra), Alejandro Navajas (bajo), Federico Lombardi (guitarra) y Germán Rodríguez (batería). Después de casi 30 años, 9 discos editados y giras por todo el país, la región y Europa, la identidad de EI es inconfundible. Un sonido consolidado por la batería, las melodías de las guitarras y la sensibilidad de las letras.
Hace unas semanas arreglé con Guille para encontrarnos a tomar un café en Quilmes y poder charlar para esta nota. Quedamos un lunes 9 am. Por suerte era feriado y mi amigo Pato me dio asilo en su casa la noche anterior, porque si algo no quería ese día, era llegar tarde desde Capital.
Guille entró sonriendo al café, con las llaves de su casa en la mano, usando una campera de Quilmes y saludando a los mozos que recién estaban abriendo el local. Los conoce a todos porque además de ser vecino, a veces se reúne con sus colegas ahí. Guille también es Profesor de Historia y Director del Colegio Alemán de Quilmes.
La entrevista duró alrededor de 2 horas:
An (A): Eterna Inocencia nace en 1995 en medio del auge de la escena hardcore punk de Buenos Aires. Este género, que es más bien un movimiento, no se identifica solo por un estilo musical, sino por una forma de pensar, de entender el mundo y de denuncia social. ¿Ya tenían claro ese camino? ¿Qué bandas aparecieron ahí para ustedes?
Guille (G): Lo teníamos claro porque nosotros veníamos de una banda de rock escolar que se llamaba Línea B (por el subte B y por la canción de Luca Prodan, “Mañana en el Abasto”) que tenía mucho de Sumo, Joy Division, The Cure, New Order, los Smiths. Teníamos 13 años y temas propios, que después también en Eterna fueron bastante parecidas las canciones. Tenía algunos temas muy bonitos. De hecho, la otra vez estábamos pensando en reflotarlos, porque visto a la distancia era impresionante que chicos de 13 años tengan una banda con temas propios, era un montón. Teníamos un dejo de nostalgia, de melancolía, que después fue aplicado al hardcore y al punk, pero que tienen como la esencia más cercana a las bandas que te nombré. Después se dio como una especie de fusión entre lo potente del estilo y lo nostálgico de las letras. Pero bueno, en ese entonces tocábamos con compañeros de escuela, uno de esos guitarristas era Roy (actual integrante), de ahí tenemos una amistad de más de 30 años. Esa banda dejó de tocar, como sucede con muchos de los proyectos escolares, y cuando la banda dejó de tocar, yo ya venía andando fuerte en skate (año ‘95) y empezaba a escuchar bandas gracias al skate y al Buenos Aires Hardcore. Estaba E.D.O y por supuesto, Fun People en su mejor momento también, en ese año creo que habían sacado Anesthesia (1991). Más o menos esas fueron las bandas que ya nos dieron a nosotros un panorama de todo lo que estaba sucediendo. Entonces, le dije a Roy: «Che, mirá, esto está re bueno, tiene un mensaje super positivo”, que no tenía que ver por ahí con el punk de carácter más nihilista que en ese momento no nos representaba. Y bueno, después bandas internacionales como Bad Religion y NOFX y ahí dijimos: “Vamos a hacer una banda así”. Así que ya arrancamos con Eterna a full, empezamos a hacer canciones a ritmos rápidos, a tiempos con velocidades más punk.
A: Los primeros 3 álbumes tienen todos los temas en inglés, salvo uno, Inocencia. A partir del disco “A los que se han apagado”, además de tener un sonido más hardcore que punk, las letras están en español ¿Esta decisión tiene que ver con buscar otra cercanía con el público? No puedo obviar tampoco el año en el que se edita este disco (2001) y la eclosión social de ese año en el país.
G: Sí, probablemente. También en ese momento nosotros empezamos a conocer cantautores uruguayos y argentinos, fundamentalmente Alfredo Zitarrosa, que yo no lo conocía. Me regalaron una vez un casette de Loquero que tenía un poema cantado bastante largo de Zitarrosa, que se llama “Guitarra Negra”, que lo hace en el exilio, y después tiene otro que se llama “Hoy desde aquí”. Son milongas largas con poesías en donde él va recitando y también invita a poetas. Yo no tenía datos de lo que pasaba en esa época maravillosa. Tenía el cassette pero no sabía quién era él, qué era el poema. Había que empezar a buscar y fue súper grato encontrarme con eso porque me abrió un universo. Eso después me llevó también a Atahualpa Yupanqui y ahí fui entendiendo que quizás lo mejor era empezar a cantar en castellano, pero lo terminó de definir una gira que hicimos en el año 2000 a Europa. Tocábamos en España y la gente nos preguntaba por qué cantábamos en inglés siendo una banda argentina. Entonces cuando volví, volví dispuesto a cantar en castellano, a valorar la riqueza del idioma, a que te entiendan todos también, que me parece re importante. Y bueno, volví a jugar con la composición, porque el español requiere otra pericia, un modo de escribir diferente al inglés, por el tema sobre todo del manejo de los acentos, las palabras, porque si vos utilizás mal los acentos, la palabra a veces pierde el significado y la velocidad de la melodía. Eso lo fui desarrollando con el tiempo, se volvió como una obsesión. Y después me enamoré del castellano, le encontré un sentido más profundo a cantar en la lengua de todos. Igualmente el inglés nos abrió muchas puertas, nos permitió tocar afuera. Recién ahora, el año pasado, metemos en la lista siempre cuatro o cinco temas de los discos viejos, nos amigamos con las letras, creo que la gente también.
A: Sus letras tienen todo: historia, denuncia, melancolía, resistencia y esperanza. Después de “A los que se han apagado”, editan uno de los álbumes más queridos -sino el más- por el público: “Las palabras y los ríos”, con temas como “Nuestras fronteras”, “Mártires de Trelew” y “Saludos a los Maquis”. Casi una década después del primer disco, su sonido en esa época ya es una identidad. ¿Consideran que es un álbum bisagra en su carrera?
G: Sí, fue bisagra porque hay un cambio importante en la producción, en el sonido, se escucha diferente a todos los discos. El álbum lo produjo Ezequiel Araujo, eso fue un montón, porque él nos orientó, tenía un manejo de las cuestiones técnicas muy superior. Fue la primera vez que nos pusimos bajo el ala de alguien que te produce un disco, porque hasta entonces los hacíamos nosotros, con la gente del estudio, con la gente que nos grababa, pero no hubo alguien que viniera escuchar los temas antes que dijera: “No, mirá, esto lo vas a hacer así, esto lo vas a cantar de esta manera”. Eso lo hizo Ezequiel, que la verdad es un genio en ese sentido. También fue un álbum que le dio mucho lugar a las canciones con letras más bien personales y no tanto a lo que Eterna por ahí te tenía acostumbrado. Veníamos de discos potentes, pero que tenían como una mixtura. “Recycle”, por ejemplo, que es del ‘99, es un disco súper cargado en términos políticos. Está todo en inglés, pero cuando vos lo empezás a seguir es como bastante duro. “A los que se han apagado” ya es una mixtura, y en “Las Palabras y los Ríos” hay más letras que también son una manera de abordar la política, pero en términos personales. Y en un principio, el disco fue súper rechazado por distintas cuestiones. Tenía canciones como “Nuestras Fronteras”, había más melodía también…

A: Nuestras Fronteras es un himno hoy.
G: Sí, pero en un principio fue como “qué están cantando, qué están haciendo”, eran melodías quizás demasiado melosas…Yo me acuerdo bien que fue una cosa que causó un poco de… que, no, no gustó. Y yo siempre decía tiempo al tiempo, y bueno, hoy tenés el resultado de que es uno de los discos más queridos de la banda, de los más solicitados, las canciones también. Pasó algo parecido con el último disco que sacamos “No bien abran las flores”, que también la gente estaba como re caliente, esperando por ahí más power y se encontró con un disco tipo hiper tranquilo, con un montón de canciones también más lentas.
A: Hay unas colaboraciones muy lindas en este disco: Marina Fages, Bernabé Cantlon (Lash Out)…
G: Sí, me siguen llegando devoluciones, pero no es tan grave la cosa, nunca es tan grave. Empieza a gustar. Yo lo que siempre digo es que el problema es que mucha gente pone el disco nuevo pensando que va a escuchar el disco anterior. Y me pasa con escribir, vos pensá que pasaron 8 años entre un disco y otro. Y eso fundamentalmente ocurre cuando yo me demoro en escribir, porque soy el único que lo hace y bueno, ya son 30 años de banda. No quiero hacer cosas que no estén buenas, quiero hacer cosas que a la gente le generen lo mismo que le están generando ahora; no te querés repetir, viste.
A: ¿Qué tan necesario es que la música y otras formas del arte sean un espejo de la época o que den testimonio de la historia? Como sucede con ustedes.
G: Me parece importante, me parece necesario también. Creo que cada uno igual -porque justamente esto es arte- tiene la posibilidad de hacer lo que quiere y contar las historias que desee. Pero bueno, en lo que tiene que ver con la banda, siempre estoy esperando que se pueda contar una historia que deje algo para el que la escucha ¿no? Así sea una historia de amor o una reflexión más en términos políticos. Yo creo que el rock tiene una función en ese sentido. Y el punk, ni hablar. El rock es hijo del blues, el blues es música esclava en definitiva y todos esos pesares que transmite no pueden quedar en un cajón. Como decía un amigo “no creo en las obligaciones, pero sí en las responsabilidades”. Y es una responsabilidad tomar una parte de eso y continuar ese camino. Yo veo que hay músicos excelentes, sobre todo en las nuevas generaciones, veo que hay mucha gente también que a su manera dice cosas. Pero también veo en otros casos una superficialidad que a mí no me identifica. Hace poco me sorprendí porque en uno de estos festivales internacionales, había unos chicos, son re conocidos, pero que yo no termino de internalizar, que presentaban canciones nuevas, o sea, presentaban un disco y hacían una performance con un jacuzzi en el medio del escenario.
A: Ca7riel y Paco Amoroso…
G: Sí, grosos los pibes, son grosos, tienen banda, saben, tocan. Pero a mí me choca. Entiendo que puede ir por el lado de interpelar. Pero eso fue sentarse, ni siquiera cantar, sino que sonara el disco y hacer una performance de baile. Acá sale mi parte más Ricardo Iorio (risas). No sé si para la juventud es el mejor mensaje. Y menos en este momento. Justamente ahora hacer eso es rayano a la provocación. O sea, donde hay miseria, donde la gente está hurgando en la basura, tomar champagne en un jacuzzi mientras suena un tema y armar un baile alrededor está muy lejos de lo que el rock puede decir y aportar; el rock en general y ni hablar el punk, y el hardcore en particular. El hardcore siempre fue para las minorías, pero nosotros tenemos que decir otra cosa, tenemos que decir “mirá, también hay otra manera de decirle no al retroceso de derechos que hubo en este último tiempo, no a la naturalización de la violencia, no al discurso de ciertos políticos que tienen una virulencia que escuchan y absorben los jóvenes”. Todo eso el hardcore sabe cómo decirlo y ya tiene experiencia, ni siquiera tiene que empezar a transitar un terreno desconocido, ya lo conoce y lo conoce bien.

A: Lo interesante también es que varias de esas bandas que formaron el hardcore y el punk nacional, siguen estando. Todavía hay cosas por las que pelear y que decir.
G: Y también hay muchas nuevas bandas muy buenas, como Cursi No Muere, WRRN, Neokira.. Está sucediendo lo mismo que sucedió en los ´90, hay un reducto de resistencia re potente de chicos que no pasan los 25 años y hay sellos de hardcore que están apoyando estas propuestas, como Inerme Discos. Sebastián Saire, que es un genio, es un pibe contemporáneo a nosotros, que tuvo bandas también y que para mí, de una manera muy sagaz e inteligente, se fue a mirar y apoyar donde están sucediendo las cosas, donde está el hardcore true, o sea, el hardcore de los chicos que quizás llegan a su casa y por ahí sus familias no están porque laburan o tienen sus familias diezmadas, no tienen laburo y están afectados por esa realidad y hablan sobre eso hasta bien entrada la madrugada, o salen y uno se queda dormido en la casa del otro porque vive en la otra punta de la ciudad. Eso que nosotros vivíamos en 1995, 1996, hay toda una generación que ahora lo está viviendo. Nosotros ahora conformamos nuestras unidades familiares, tenemos otros tiempos, otras rutinas y si bien mantenemos el mensaje, creo que en lo cotidiano, estamos situados en otro plano. Y hay que darle soporte y apoyo a esos pibes.
A: ¿La pandemia fue lo que los llevó a grabar el último disco o ya pensaban en sacar uno? ¿Cómo se sintió el regreso tocando en vivo en Obras? (2021)
G: La pandemia nos retrasó el disco un año porque nosotros, cuando grabamos las bases del disco, cuando salimos de grabar, vino el lockdown. Justo. Y después, cuando se volvió a abrir todo, volvimos a grabar la segunda parte. Ahí teníamos todo grabado, pero estábamos de nuevo encerrados. Entonces eso lo demoró. Pero igual sería… sonaría más a excusa, porque también hubieron 8 años de distancia. De esos 8, 2 fueron pandemia, pero los otros 6 tampoco hicimos mucho ¿viste? La verdad, lo que nos pasa es que queremos poner el disco y, desde que empieza hasta que termina, que nos gusten las canciones. No poner temas de relleno ni nada que se le parezca. Y eso también incluye poder escribir, como te decía más temprano. Para un mercado que hoy trabaja de otra manera ¿no? No trabaja con discos de larga duración, trabaja con simples. Entonces, bueno, ahora nos estamos replanteando la idea de ver si empezamos a sacar temas sueltos. Pero no queremos a la vez, porque nos cuesta… o sea, vamos medio como contra la corriente. Hicimos todo un debate interno de si seguimos manteniendo la idea del LP. Porque ahora eso ya es una rareza y justamente porque es una rareza lo queremos mantener. Pero después, todo lo que tiene que ver con el círculo de amistades, gente que está en la industria con la que estuvimos conversando, nos dicen que está buenísimo, que es súper romántico, pero que hoy la dinámica de la industria de la música pasa por otro lado y que repensemos si no es mejor ir sacando temas sueltos. Así que están tratando de convencernos.
A: “No bien abran las flores” (último álbum editado en 2022) sigue girando por diferentes lugares ¿están pensando en grabar algo más?
G: Claro, ahora estamos componiendo. De dos días de ensayo, tomamos uno para ensayar listas de conciertos y otro día para empezar a amasar toda la cantidad de bases que están sueltas y que requieren tocar, tocar y tocar. Porque a veces hay canciones que son parecidas, acordes que son parecidos, entonces hay que recortar y fusionar. Estoy contento con los temas nuevos, conservan, como le digo yo, los tiempos medios. Son temas parecidos a canciones como “Viejas Esperanzas”, o sea, son temas rápidos, pero no tan rápidos. No sé por qué diablos, pero le decimos a medios tiempos.
A: ¿Escribiste algún libro de poesía, poemas?
G: Nada. No hay ninguna rareza. Trato de que no quede registro escrito de las canciones. O sea, en el disco están impresas las letras, pero los originales no están.
A: Me mataste ahí, yo esperaba encontrar un fanzine o algo…
G: Salvo que se me haya pasado en algún lado, que eso va a cotizar alto (risas). Yo me compro un cuaderno -lo hice con el último disco y lo hago con mucho dolor-, hago un fuego y prendo fuego al cuaderno. Lo hago en soledad cuando se edita el disco. Es terrible, porque son mis propios puños y letras, pero lo que trato de hacer es tributar, como digo siempre, al origen de la poesía, que es la Ilíada y Odisea, que son el origen de la occidental al menos. Cuando vos tenés el libro en tus manos, en realidad no es capítulo uno, capítulo dos, son cantos, los cantos homéricos. Por ejemplo, en Ilíada te cantan la ida a la guerra de Troya. Odisea, que desde mi punto de vista es mucho más lindo, es el regreso de Ulises a su casa después de la guerra y de todas las peripecias por las que tiene que pasar, porque junto con sus compañeros ofendió a los dioses, y ellos se van vengando y todos los compañeros van pereciendo en el viaje. Y él es el último en llegar, pero llega finalmente a su casa, también por decisión de los dioses. Todo ese poema se cantaba. Esos cantos probablemente durante siglos se fueron enriqueciendo. Entonces después de una reflexión profunda, dije: “Yo también quiero que la obra se cante”. Y además no escribo poesía, lo que escribo, lo escribo en función de la melodía que escucho. Una vez que tengo la melodía, ahí meto la letra. Y según la característica de las melodías, si es más agresiva, potente, vas a tener una letra, por ejemplo, un poco más política, que acompañe eso. Y si es una letra más tranqui, va a ser una canción más tranqui, va a ser seguramente una canción de amor. Me lo va dictando la melodía eso. Esa es la razón por la cual tardo un montón en escribir. Si no hay canciones hechas, yo no escribo.
A: Eterna siempre defendió el concepto del Házlo tu mismo. Así han editado 9 discos de estudio, han viajado y siguen haciéndolo por el país, Latinoamérica y Europa. ¿Hay algo que puedas decir -más allá de tus canciones- a quienes quieran emprender el camino de la autogestión y piensen a veces en darse por vencidx?
G: Siempre creo que la clave es la perseverancia. Siempre y cuando uno esté convencido del camino que quiere transitar, porque grandes son las frustraciones si uno apunta a un lugar pero no está totalmente convencido. Nosotros desde el primer momento dijimos “el camino es editar nuestros propios discos, tener nuestra propia prensa”, además de lo que también observábamos en otros proyectos. Si uno elige realmente el camino de la autogestión, tiene que ir paso a paso. Y también ser consciente de que el contexto, cuando uno elige ese sendero, es muy productivo. A ver, pasa con esto, recién hablábamos del circuito de estas bandas. Enseguida vas a encontrar un lugar donde insertarte. Hay mucha movida. Hay que entender más o menos cómo hacer, con quién tocar, qué amistades con bandas colegas forjar… Yo creo que el hardcore y el punk deben ser uno de los pocos estilos que generan mucha ebullición, propuestas y lugares que son para 100 personas o 200 si están estallados, porque hay todo algo alrededor que quizá una banda que tiene ganas de tocar covers de rock and roll -que está en todo su derecho- termina siendo más una banda como de pub, quiero decir. El hardcore genera todo un circuito muy piola, muy leal también. Por eso creo que a veces hay tanta exigencia para con las bandas. Son espacios de sociabilidad donde circula gente con pensamientos muy nobles, con una manera de ver la vida bastante piola también. Ahora, si vos lo hacés como un tránsito hacia, porque en realidad lo que querés es que te vea un productor que te toque con la varita mágica y después de ahí hagas un salto hacia no sé dónde, ahí es donde te digo que por ahí no es el camino, porque eso muy probablemente no vaya a suceder. Si vas con esa intención, probablemente no termines encontrando una respuesta en ese sentido. Pasa por otro lado y por tener en claro que este estilo de música va a ser siempre para las minorías. No es música de estadios, o sea puede tener flujos y reflujos, podés tener épocas en donde viene más gente y épocas donde viene menos gente y también de contextos políticos, contextos culturales, contextos musicales. Yo veía esta banda, Turnstile, y es un poco la vuelta del hardcore de alguna manera. Es pendular el movimiento, pero nunca vas a pensar que eso va a ser una música de grandes estadios, siempre va a ser una música para -como yo le digo- las minorías.

A: Última pregunta ¿Por qué haces música?
G: De chiquito siempre ponía discos y cantaba, soñaba que tenía una banda, incluso los miembros de la banda que soñaba. Te estoy hablando de que tenía 8, 10 años. Escuchaba Ramones, The Clash, Sex Pistols, todo por mi hermano mayor, tuve mucha cultura de rock y lo que más quería era tocar la guitarra o cantar. Así que no bien pude, le hinché las pelotas a mis compañeros de la escuela y busqué uno que tocara el bajo, la batería; ahí organizando. Encuentro un cable a tierra y la posibilidad de cargarme de energía, porque el amor que la gente te dispensa, todo ese sentimiento colectivo que se genera, yo realmente tengo la dicha de absorberlo. Soy un privilegiado por eso. Cantar me libera. Creo que quizás tocando un instrumento lo haría de la misma manera, pero no hay como poder abrir la garganta… viste que a veces te dicen “bueno, gritá, sacate la bronca”. Este (se señala la garganta) es el instrumento -siempre lo digo- más primitivo del ser humano. O al menos debe haber sido el primero, antes que todo. Cantar. Entonces, tener a disposición una banda haciendo música para que vos puedas sobre eso poner tus sentimientos, cantarlos, y además en esa expresión poder liberarte de tensiones, de frustraciones, de volcar ahí también tus deseos, tus esperanzas, yo creo que es una cosa que te estira la vida. Siempre quise hacerlo y peleé mucho por eso. Y ahora que está, no lo largo más. De hecho, tengo pensado no trabajar en la escuela hasta la edad jubilatoria. Mi intención es a los 55 años terminar ya con la docencia para poder dedicarme a empalmar ese último tramo de vida, ya con el boleto de vuelta picado, y estirarlo gracias a la salud. Y creo que eso me lo puede dar la banda. Lo hacen rockeros que uno ve y admira, y que ya tienen como 80 años. Poder dedicarme a hacer una vida saludable, tener tiempo para salir a caminar, salir a correr, entrenar, cosas que ahora hago pero de manera fragmentada. Y después si me decís “mirá, nos vamos a ir un mes a Alemania”, poder hacerlo. Yo acá no me puedo ir más de Chile ahora, no podemos aceptar propuestas en México, no podemos aprovechar propuestas en Europa. De alguna manera condicionás también el desarrollo de la banda. Y mis compañeros son increíbles, tenemos un clima de laburo fantástico en la banda, así que esperemos que tengamos muchos años más. Ahora lo próximo es ver si podemos sacar el disco nuevo y el año que viene disfrutar los 30 años de banda.
Con Guille nos dimos un abrazo, nos agradecimos el tiempo brindado y me volví a Capital en el tren, sabiendo que de todas las personas con las que compartía el vagón, era la que tenía la sonrisa más plena, estoy segura. Durante el viaje de regreso me acordé de la primera vez que los escuché en el local donde trabajaba hace 15 años atrás, de los recitales a los que fui después, de las primeras emociones que me generaron escuchar sus canciones, y sonreí más grande aún por las vueltas que tiene la vida. Si pudiera contarle a mi yo de los 22 años que iba a tener la posibilidad de juntarme a charlar con Guille, no lo haría. Que la felicidad irrumpa siempre como una sorpresa.
Por último, les recomiendo un podcast sobre Buenos Aires Hardcore, que se llama “No formaremos parte de tu show” y que pueden escuchar acá.





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