Pérez. Entre la suavidad y la euforia, un mundo
Me gustaría decir que conocí a Pérez en una fecha determinada.
Estuve intentando recordarla desde que supe que iba a leer esto
hoy. Pero no lo logré.
No hay una fecha, no hay una persona, no hay un momento. Lo
que hay es algo orgánico que se siente como una especie de
origen.
No sé cómo explicarlo. Pérez es una memoria que despierta en
mí, que viene desde un lugar mágico, que no me interesa
desmenuzar; solo meterme ahí y permanecer.
Sin embargo, hay un sitio y un primer disco que sí recuerdo.
La ciudad de La Plata, donde estudié, me enamoré, me perdí, me
hizo extrañar y a la vez sentirme en casa, me permitió una vida, y
es donde conocí a Pérez.
Hace poco un amigo me dijo en chiste que tenía que “soltar La
Plata”. No dejé de pensar en eso desde entonces.
¿Qué veía él que le hacía decirme eso? ¿Qué estaba mostrando
yo de mí? ¿Estoy aferrada a la ciudad de La Plata y no me di
cuenta?
Busco el significado de “aferrar”: agarrar fuertemente. Y pienso
de nuevo en esa imagen mía. Pero tampoco entiendo muy bien
qué es soltar algo.
17 canciones para autopista fue el primer disco que escuché de
Pérez. Supe después que la gente quiere mucho ese álbum.
La tapa es la imagen tomada desde el cielo de una ciudad
iluminada en la noche.
Uno de los tantos temas que amamos de este disco, dice:
No voy a impedir que te lastimen
y vos igual me vas a dibujar
No voy a poder seguirte,
no voy a entender nada, de nada, de nada
La voz de Ramiro tarda en aparecer pero la melodía es precisa.
La cadencia es suave hasta que la batería anticipa un estribillo
que explota, en especial, cuando suena en vivo y el público canta
como si fuera una canción de cancha, eufórica y apasionada.
La versatilidad en sus discos no elimina los matices que tiene
Pérez que, en última instancia, son los que terminan creando su
sonido.
Los primeros 3 álbumes comparten un estilo más cancionero, con
melodías pegadizas y sube y bajas de intensidades. Pero a partir
del 4° disco todo se pone un poco más experimental: en la voz de
Ramiro, en la incorporación de otros instrumentos y en las
melodías, quizás un poco más sorpresivas y, por momentos,
jazzeras y electrónicas, como en la canción “Dónde estás ahora”.
Ahora, que estoy escribiendo esto, sí se me viene una imagen:
uno de los recitales que más recuerdo disfrutar: Pérez en Pura
Vida hace dos años.
Con mi amigo el Pendex, que a veces toca con ellos, fuimos a la
casa de Ramiro, una tarde de sábado calurosa que tenían que
ensayar. Horas después tocaron en el bar más emblemático de
La Plata.
El Pendex se quedó arriba y yo bajé para sumergirme en una
fiesta que se sintió de amigos. La energía del escenario se
alimentaba de la energía que estaba entre nosotros, y viceversa.
Dejarse llevar por el movimiento de personas que están gozando
es como flotar en el mar, pienso.
Y entonces, no sé lo que es soltar, o no quiero hacerlo.
Porque no hay olvido que funcione ante una memoria tan fuerte.
Hoy mi vida es la continuidad de esa vida, de ese mundo que
creó La Plata para mí, de ese mundo que es Pérez, suave y
eufórico.
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El sábado 7 de diciembre de 2024, junto a Las Argies, hicimos la primera edición en vivo de La música que te debo.
Entre muchas cosas hermosas que sucedieron esa noche, entrevisté a Pérez y luego se subieron al escenario a tocar, pero eso no está registrado audiovisualmente, así que quedará en la memoria y fotos de quienes estuvieron presentes.
Les comparto la lectura de la crónica y la entrevista (sepan disculpar la calidad del audio, iremos mejorando) ❤
¡Gracias a Pérez, a todxs lxs que vinieron a esa noche, a quienes estuvieron desde la distancia y a quienes se sumaron hace poco a esta comunidad!






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