Carmen Sánchez Viamonte. Lo que arrasa es la determinación

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Carmen Sánchez Viamonte. Lo que arrasa es la determinación

La expectativa era grande. Ahora que escribo y leo esta oración, dudo de si una expectativa es grande, chica, mucha o poca. La expectativa ¿cuantificable en cantidades o en dimensiones? La expectativa funciona en dos sentidos, como esperanza y posibilidad.

Yo quería mucho ir a la Comunidad Ferroviaria de Tolosa a ver a Carmen Sánchez Viamonte. Dentro de unos días tenía que mudarme, necesitaba huir un poco de ese trámite denso e irme a La Plata el fin de semana resultaba un buen plan. Hacía un mes había comprado la entrada. En esta fecha tocarían Paul Higgs, Mostruo! y Carmen.

Marti le dio play en el auto una vez mientras paseábamos: Rayos Láser sonó primero y Pensamientos Intrusivos, después. Marti hizo hincapié en la cantidad de gente que, en vivo, cantaba sus canciones (este último tema en especial). La clave, según entendí, era el estribillo, había que prestar atención al estribillo. Y además: “tiene 24 años y canta increíble”,  “cómo toca la guitarra” y otra vez, “¡canta muy bien!”.

Así que bueno, solo tenía esas dos canciones y 17, un single que sacó justo antes del recital. Llegamos a Tolosa esa noche y había muchísimas personas, compañeros de la facultad que no veía hacía años, amigas, colegas, gente conocida; había también luces violetas, rosas y palmeras iluminadas en verde desde el suelo. Nunca había ido a la Comunidad Ferroviaria. Es un taller de reparación de trenes recuperado que tiene estructuras de hormigón, ladrillo y pintura descascarada. Todo como a medio hacer o todo por terminarse ya, depende de cómo lo miremos. La gente compraba algo para tomar y comer, se saludaban, aprovechaban para ir al baño y se movían cómodos, como locales. Me dio nostalgia y ternura ver eso desde afuera. Yo no soy más local desde hace 10 años pero pude observar ese modo de ser de quienes viven en La Plata, una capital dentro de otra capital, una mamushka de capitales y que esta, La Plata, es el equilibrio perfecto entre la vida en una ciudad pequeña/mediana y la vida en una “gran ciudad”. Somos todos conocidos pero también siempre habrá un grupito nuevo por conocer. Así entonces: la familiaridad y la identidad platense, que no es otra cosa más que una matriz de localidades argentinas y por tanto, un híbrido de costumbres, gustos, tonadas y formas de decir. 

Marti estaba muy entusiasmada con que finalmente viera en vivo a Carmen. Mi mente iba a un lugar ansioso y oscuro cuando recordaba la mudanza que me esperaba y a una cosa medio zen de “viví el presente”. Y eso hice. Me metí de lleno en el presente. Las luces, el sonido del galpón, la gente -la tantísima gente- que estaba tan o más expectante que yo y Carmen, que sale al escenario tocando la guitarra, cantando fuerte, decidida y arrabalera, con un lookazo atemporal y especial, haciendo homenaje a su abuela Herenia (una de las madres fundadoras de Madres de Plaza de Mayo) con su imagen enmarcada dentro de un corazón bordado en rojo en su remera.

La canción Esto es un tesoro, incluida dentro de su segundo álbum, La Fuerza, está dedicada a Herenia. Hace un par de semanas, un domingo, volvía a mi casa escuchando Esto es un tesoro y lloré apenas -bastante impune y sincera- en el subte. La voz de Carmen aparece limpia, aguda y reverberante hasta que la acompañan los primeros acordes de la guitarra y todo va tomando más fuerza. El clima sacro de la canción se rompe cuando suenan todos los instrumentos juntos pero -y esto es clave- se mantienen ensamblados en la dulzura. Creo que eso fue lo que me hizo llorar. Y la letra, claro:

Cuarto de ventanas, nos despertamos

Y hay como un halo de luz en el aire

Y me pregunto si sos esa parte

Hice esta canción antes de verte

Ahora todo es claro

A pesar del caos, amor, no muerte

Estoy a salvo

Quiero una canción de la suerte para encontrarnos

Quiero una canción de hoy

Que me haga acordar quién soy

El estribillo de Pensamientos Intrusivos en vivo fue todo eso que Marti me graficó y lo que yo imaginé. Y en ese momento volví a mirar la escena como una visitante. Estaba presenciando algo único entre el público y Carmen

¿Habrá un momento, un final?

De esta sensación de soledad

Me da vértigo la calle

Siento que todos me miran mal

Lo único que quiero es manejar

Por Arturo Segui imaginar

Que soy un video de esa banda

Contra la ventana llorar

Ella suena como The Cranberries y como los mejores discos de Shakira. Se mueve de un lado a otro sobre el escenario, cambia de guitarras, habla con el público, canta con la banda, canta sola con su instrumento, tiene invitados, se emociona y está ahí, cerca, con una presencia arrolladora.

Y como acá la expectativa fue muchísima, fue además enorme, porque funcionó como contingencia para mis ganas de huir ese fin de semana y porque fue el origen de mi amor por la música de Carmen, tuve ganas de entrevistarla y le escribí.

Quedamos en un café del centro de La Plata el sábado 22 de marzo a la tarde. Llovía, el cielo estaba gris, nos ubicamos en una mesita que estaba entre una pared y otra hilera de mesitas. En el medio se formaba un pasillo angosto por el que pasaron unas chicas preadolescentes y la saludaron a Carmen con sorpresa y con un gesto como de quien se cruza a la persona que escuchó esa mañana en los auriculares.

An (A): Lo primero que conocí de vos fue Pensamientos Intrusivos, gracias a una amiga que me habló de tu proyecto el año pasado. Resaltó mucho el agite del público con este tema y después lo comprobé. ¿Crees que la masividad que tomó esta canción tiene que ver con la ansiedad de los últimos años? ¿Escribir y sacarlo te ayudó?

Carmen (C): Sí, totalmente, es un canalizador. Escribir es mi cable a tierra y mi forma de comunicarme con el mundo.

Yo soy muy para adentro y cuando empecé a cantar y a escribir mis canciones, descubrí un canal de comunicación paralelo. Creo que Pensamientos fue la primera canción en la que me animé a nombrar la ansiedad. Yo venía como de una forma de escribir un poco más “poética”, de buscar más metáforas, de no decir las cosas literalmente.

Pero en un momento cambié eso, sobre todo en la pandemia. Empecé a consumir otras cosas y me di cuenta de que la música que más me interpelaba era la que muchas veces hablaba con un lenguaje mucho más cercano. Por eso creo que Pensamientos fue un punto de quiebre en ese sentido. Es una canción que, además de nombrar la ansiedad, desarrolla ese sentimiento. Porque empieza diciendo no quiero ser, no quiero estar, quiero salir a caminar, quiero manejar, quiero estar sola, nadie me entiende, me da miedo la gente, siento que todos me miran mal (…) mi generación y la ansiedad me tienen cansada de verdad. Y creo que es algo con lo que mucha gente empatiza.

A mí me da mucha vergüenza, casi no la incluyo en el disco, porque fue una canción de catarsis que hice y dije “nada que ver, van a pensar que estoy bardeando a mi generación” y suena como medio adolescente, como medio berrinche ¿viste? Pero se la mostré a mi productor, Juan Pedro Lucesole y me dijo “no, ¿cómo no la vamos a poner?” y bueno, ahí está, es lo que es.

A: Eso se nota cuando la cantás en vivo y creo que es porque habilitás esa identificación con la gente ¿Te sorprendió ver a tu público tan eufórico con esta canción?

C: Sí, me re sorprendió. La Fuerza, el disco que tiene este tema, lo compuse en pandemia y lo lancé en 2022. Yo no tocaba hacía un montón de tiempo cuando presenté ese álbum, fue la primera vez en mi vida que toqué mis canciones y que la gente las cantó de principio a fin todo el show. Fue la primera vez que la gente hizo pogo con mis canciones. Que era algo a lo que yo aspiraba hacía mucho, pero tampoco me terminaba de animar a lanzarme al rock de cabeza. Con La Fuerza empecé a meter un poquito las patitas en el rock y ese sentimiento también me dio firmeza para continuar por ese camino. 

A: Recién hablábamos de la escritura, de este modo tuyo de escribir un poco más directo, más literal. En tus letras hablás de ansiedad, de la ciudad de La Plata, del amor, del desamor; en vivo tenés también un mensaje político, transmitís una visión del mundo. ¿Cuándo aparece la escritura para vos? ¿En qué momento empezaste a volcarla a formato canción?

C: Siempre vinieron de la mano y después de grande me empezaron a dar ganas de escribir otras cosas, pero las tengo guardadas para mí en un blog secreto, que nunca nadie descubrirá (risas).

A: ¡Es como un diario íntimo!

C:Total, es como un diario íntimo que decidí que esté en internet, en un blog donde escribo mis cosas pero que nunca le mostré a nadie. Es como una cosa de diversión que tengo conmigo misma. Pero escribir arrancó con las canciones. Y hacer canciones empezó cuando yo era chica, en un taller de música a los 10 años más o menos; yo estaba muy, muy entusiasmada. Llegaba a mi casa y practicaba, practicaba, practicaba y en un momento no me alcanzaba el material del taller y dije “bueno, empiezo a hacer canciones para seguir practicando estos acordes que aprendí”. Y ahí empecé a hacer canciones de niña, con temáticas de niña. Empecé y nunca paré. Después me di cuenta que, bueno, era una catarsis y que podía aprovechar esa herramienta para decir cosas que me importan realmente, que interpelan a los demás.

A: A mí me pasa mucho que cuando leo, me inspiro, me retroalimenta un montón. Entonces a veces cuando estoy un poco trabada, retomo algunas lecturas que dejé o voy por una nueva. ¿Vos leés algo en particular? 

C: Antes leía mucho más, ahora de vez en cuando. Me gusta mucho la ficción, las novelas y la literatura argentina, específicamente. Me parece que ahí hay una forma de decir las cosas muy… bueno, eso por lo mismo que elegí empezar a escribir de otra manera. 

También elijo la literatura argentina porque empatizo más con lo que pasa. Si bien puedo leer otras cosas, la argentina siempre me conmueve más. Un autor que me gusta mucho es Manuel Puig y uno de mis libros favoritos es El beso de la mujer araña, principalmente por el lenguaje que tiene. 

Al momento de escribir me pasa mucho de lo mismo que te pasa a vos con leer para inspirarte. Escucho música que me gusta y en la que me quiero basar para alimentarme de eso. Me gusta mucho traducir canciones en inglés para robar cosas por ahí.

A: Hace poco una colega (Romina Zanellato) le hizo una entrevista a An Espil, en donde ella rompe un poco con esta cosa diplomática de “no robar”, lo dice riendo, pero es interesante esta idea de que quizás a partir de una palabra, una frase, un sonido, nace otra idea ¿no?

C: Sí, sí, tal cual.

A: Tu voz para mí es adictiva: vibra, es fuerte y determinada ¿Cómo se encuentra o cómo se hace propia una manera de cantar, un estilo?

C: Nunca lo pensé como “quiero que mi voz suene de tal manera”, sino “quiero que mi voz conserve su identidad”. Yo canto desde muy chiquita, no tengo noción de cuándo empecé a cantar pero en un momento lo empecé a concientizar y dije “esto es algo que puedo aprender, desarrollar y llevarlo para el lado que quiera”. Además, yo cantaba mucho en las reuniones familiares y en los actos de la escuela y siempre se acercaba gente a decirme “tenés que escuchar a tal y cantar así, tenés que escuchar a tal y cantar de esta forma”. Pero detrás de eso estaban mis papás cuidándome y diciéndome “vos tenés que cantar como vos quieras” y yo lo tomé mucho y después lo resignifiqué en cuidar la identidad.

Y al mismo tiempo yo aprendí a cantar imitando a mucha gente diferente, como cuando era chiquita, que escuchaba The Cranberries o María Elena Walsh, re diferentes entre sí. María Elena cantaba de una manera más teatral, súper modulada y Dolores O’Riordan, con esos “saltitos” que después tuvo Shakira también, que siempre me asocian con Shakira, pero a mí me gusta más Dolores. De Silvio Rodríguez también fui tomando cosas. Entonces medio que sin querer fui armando esas formas de cantar y cuando empecé a hacer más rock y a estudiar canto, fui tomando decisiones como cantar más fuerte o romper la voz, distorsionarla sin lastimarme.

Todo eso lo fui aprendiendo, pero creo que la característica principal de mi canto es que yo disfruto corporalmente cantar. Entonces, cuando lo disfruto, me doy cuenta de que no hay chance de que para afuera no se disfrute también; ese es mi norte, que se sienta bien.

A: ¿Quisiste cambiar tu forma de cantar alguna vez?

C: Sí, un montón, sobre todo en la adolescencia o en el paso a la adultez. Cuando era chica había quedado muy etiquetada como que cantaba tierno y suavecito, tipo Natalia Lafourcade, que es un color que me gusta mucho y que lo sigo teniendo como parte de mí. Pero yo tenía ganas de desetiquetarme de ese lugar, de dejar de ser la que canta “agudito” y llega a unas notas agudas y canta suavecito y tierno. Quería empezar a ser reconocida como una persona grande que cantaba cosas de grande, con voz de grande. Entonces empecé a buscar otros matices y esa cosa arrabalera aparece en un intento de adultizar mi voz.

A: Dentro de la gente que te sigue, hay muchas chicas jóvenes. Cuando escuché 17, el último single, me pareció un testimonio necesario. Entiendo que todas las letras nacen de experiencias personales, en este caso en particular ¿tuviste algún “miedo” o pudor cuando publicaste 17?

C: Fue creo que una de las canciones más difíciles de lanzar de toda mi discografía porque toca un tema muy sensible y porque habla de una época de mi vida de hace 9 años. Fue una exposición total.

Contar esta parte de una historia que, coincide en un momento en el que otra vez se pone en duda las cosas que contamos las mujeres, sobre nuestras experiencias de vida en un sistema machista. Fueron esas pibas que forman parte de mi público y niñas también, porque hay chicas muy chiquitas, el motor para sacar esa canción. 

A: Tenés una manera de componer que se puede leer sin que esté la musicalidad de fondo además… 

C: Me lancé y también cuidé mucho de qué forma quería decir cada cosa en esta canción. Yo venía de una manera de escribir muy de exigir cosas, que creo que tenía que ver con una mirada un poco más adolescente de la vida y, con 17 y con las canciones que empecé a escribir después de esa -que todavía no salieron-, tomé un lugar más maduro de “esta es mi experiencia en este tema y eso es imbatible”. Ese era el eje principal de la canción junto con la necesidad de cerrar ese capítulo de mi vida. Las canciones siempre fueron también mi forma de gestionar las emociones y por suerte encontré lo que buscaba, que era como una sanación personal y empatizar con tantas chicas de un rango etario muy variado. Me siguen llegando mensajes de gente diciéndome “me pasó lo mismo, gracias por esta canción”, como que es un evento canónico lamentablemente.

Creo que de alguna manera mis canciones contienen a mi público y ellos también me contienen a mí y eso es muy lindo.

A: Hiciste colaboraciones con Shaman Herrera, con Mostruo!, con Recreo Uruguayo y otros artistas y bandas platenses. Perteneces a una nueva generación de músicas de esa ciudad con tanta historia musical y que tanto le dio a esa escena. ¿Cómo fue empezar tu carrera acá? ¿Cómo te abriste al circuito? 

C: Fue difícil. En el 2014 arranqué con mi primera banda, La Nena Transformer, cuando tenía 15 años, con un amigo del colegio y un amigo de él. Justo coincidió con el boom del indie y yo me sentía muy fuera de la movida. Si bien escuchaba indie -de hecho mi primo toca en El Mató, así que desde muy chiquita estuve cerca de ese sonido- siempre sentí que mis canciones eran como muy “intensitas” y creo que el indie tiene otra impronta en su narrativa, entonces yo me sentía medio periférica.

A: ¿Pero vos querías formar parte de esa escena?

C: No, tampoco. Quería ser reconocida por lo mío, pero sentía que en ese momento no había lugar y además, la Nena Transformer era una banda más rockera, que termina a finales de 2017. Ya en 2018 empecé a tocar sola con mi guitarra hasta que formé La Sánchez Viamonte, pero nunca terminó de ser lo que esperaba, quería armar algo con un sonido medio Jethro Tull, algo más setentoso, sinfónico… yo tenía 18 años y armé una banda con cinco varones 10 años más grandes (risas). Y se hizo muy difícil el equilibrio en ese vínculo con mi banda, pero ahí conocí a Juan Pedro Lucezole Lucesole, que terminó siendo uno de mis mejores amigos, mi productor y guitarrista actual y me ayudó a buscar lo que quería hacer, asumirlo y mandarme a hacerlo.

Yo venía de toda la experiencia con la Nena Transformer, en la que me había sentido muy expulsada de la escena también por ser pequeña. Empecé a tocar en festivales de estudiantes y ahí estaba todo joya, pero cuando teníamos que ir a tocar a bares, siempre alguna mala experiencia había: los dueños, los sonidistas, gente del público, colegas varones… como una cosa de “vos no podés decidir, no hay chance que sepas esto, así que dejáme a mí y yo te digo cómo se hace”.

A: ¿Esto en qué año fue?

C: 2014, 2015, 2016

A: En el 2018 se aprueba la Ley de Cupo Femenino en Eventos Musicales (Ley 27.539) ¿Te sentiste un poco más acompañada?

C: Sí, 100%. Pero tenía una dicotomía, por un lado sentía que había algo en el mundo que me llamaba y por otro lado estaba en La Sánchez Viamonte, un proyecto que no terminaba de caminar y que no era rockero tampoco. No me animaba a hacer rock, pero yo consumía rock y en mi casa componía canciones que me las imaginaba con todo.

A: ¿No te animabas por el contexto, por lo que te pasaba? ¿Qué escuchabas en esa época?

C: Escuchaba mucho Las Taradas y después me quedé escuchando Paula Maffia, que si bien no eran tan rockeras, tenían una fiereza que me parecía totalmente cautivante.  También escuchaba Alabama Shakes y en eso conocí a Marilina Bertoldi, que me cambió la vida. Realmente creo que hizo un aporte inconmensurable al rock nacional, que todavía no se dimensiona. Pero a mí me cambió la vida -y creo que puedo hablar también por muchas colegas de mi edad- porque dije “esto quiero hacer yo y esto se puede y esta chica me está dando el ejemplo de cómo hacerlo”.

Siempre me decían: “Sí, podés cantar rock, pero cantás muy tranqui para hacer rock”, algo como ¿Por qué no te quedás acá, en tu cajita acústica? Y Marilina me dio la fuerza, ir a verla en vivo me dio el ejemplo de lo que era ser una mujer en un escenario dando un show que no fuera necesariamente dedicado al consumo masculino. Y eso me hizo un click tremendo. Lo pude poner en palabras después y analizarlo y decir “hay un camino posible del rock para las mujeres”.

Yo no quería infantilizarme o quedarme en un molde solo porque me incomodara ese lugar que podía llegar a ocupar, el de un rock femenino sexualizado. Y Marilina lo resolvió. 

A: Las tapas de tus discos son muy interesantes, apareces vos como una diosa griega exiliada, luego aparece tu mamá en una posición desafiante. También tenés una estética muy particular, única, como si fuera de otro tiempo o de ninguno. ¿Te gusta involucrarte en estos procesos creativos también? ¿Delegás en algún equipo y luego te sumás?

C: Tengo manager, pero me encanta participar. De hecho, me gusta demasiado, a veces pienso que tendría que soltar un poquito el control, porque sí, a veces creo que me paso y es agotador.

Cuando terminé el colegio me mandé a estudiar música, pero casi entro a Cine, porque me gusta mucho contar historias. Entonces aprovecho la música, que es el camino que terminé eligiendo, para seguir contando historias.

Me importa mucho la totalidad del producto, que todo sea complementario entre sí, aunque quizás solo tenga sentido para mí: me gusta seguir haciéndolo. Me gusta mantener una especie de narrativa o hilo conductor en todas mis tapas… en todas hay mujeres. En La Sánchez Viamonte grabamos un disco y la tapa es mi abuela, después mi mamá, después yo misma, después tengo un EP que en la tapa está mi mejor amiga. Me gusta esa cosa de retratar la diversidad de edades, tipos de personas, mujeres mostradas por una mujer, mujeres que yo admiro, invitarlas a ese juego y recrear personajes.

En la tapa de La Fuerza quería que estuviera mi mamá, pero tardé dos años en convencerla, así que aparecí yo. Y eso también tuvo un sentido al final, porque me abrió un camino para hacerme cargo y dar la cara, de alguna manera. Y después sí, en Mala (2023), mi siguiente disco, apareció finalmente mi mamá.

En Mala, esta intensidad de la que hablaba antes, que me avergonzaba y que me hacía sentir outsider, la abracé con todo y la expuse. La expuse a conciencia. Dije “este disco quiero que sea intenso y que no me importe lo que piensen los demás”.

A: Iba justo a eso, a ese álbum. Luego de Mala, hacés una reedición que se llama Malísima. De hecho, hacés mención de esto en la canción Escila y al final hay una referencia a una canción hermosa de Alabama Shakes. ¿Qué es para vos ser mala o tener que serlo como una postura o por qué crees que alguien puede verte como mala? 

C: Es una palabra que siempre me pesó mucho. Yo soy muy de la moral, de la ética.

Tengo unos temas con eso. Me ponía muy mal cuando alguien me decía que había sido mala. En la época que rompí con la Sánchez y decidí empezar mi camino solista, me separé de muchas cosas y cayó ese mote sobre mí: “qué mala”. Y recién ahí hice un click: “si yo soy mala para vos -que para mí, vos estás siendo malo- entonces sí, yo quiero ser mala para vos, porque significa que estamos en veredas diferentes”. Entonces abracé ese concepto con todo y empecé a investigar al respecto, de cómo, cuando las mujeres se salen de la regla, automáticamente las tildan de malas o de hinchapelotas. Y dije, ahora quiero ser mala, malísima.

La persona que me enseñó eso fue mi mamá. Ella es uruguaya, viene de un ambiente muy humilde, se casó con mi papá y se mudó a La Plata, que es una ciudad que tiene sus códigos sociales, reglas…y mi mamá no tenía nada que ver con eso, siempre siguió siendo ella misma. Hace 47 años que vive acá en Villa Elisa y sigue siendo una mujer muy particular, muy a su manera, nunca le importó lo que le decían sobre eso. Y es una excelente persona, es la persona más buena que conozco. Pero ahí está el chiste, ¿no? justamente, de cómo te pueden decir mala solo por ser diferente.

Así que abracé esas diferencias y las convertí en virtudes. Y en este disco pongo todos estos sentimientos que siempre me hicieron creer que estaban mal, pero que mucha gente los necesita.

A: Retomo un poco la cuestión de la estética de los discos y algunas letras. Hay mucho de mitología griega ahí ¿de dónde sale esa referencia?

C: La mitología era mi refugio. Siempre fui muy nostálgica y solitaria y con estas cosas no me sentía muy cómoda en la escuela. Leía mucho y mi hermano mayor, que tiene ocho años más que yo, era el que me pasaba información y me empezó a pasar cosas de mitología y entré de lleno a esa fantasía, que era una válvula de escape para mí. 

Siempre me pareció muy genial cómo la mitología de todas las sociedades -esas historias- representaba las actitudes humanas. Y bueno, la canción Escila que mencionaste recién, el nombre, se refiere a un monstruo marino que originalmente era una ninfa y, como un dios se enamoró de ella y ella no le dio pelota, la convirtieron en un monstruo. Y es un poco la historia de las mujeres ¿no? (risas) ¡No le das bola a uno y sos la peor persona del mundo!

A: El otro día hablaba con un amigo de cuando, en la época en la que el feminismo no había explotado aun, nos decían un montón de cosas en la calle o en privado y si una no reaccionaba como ellos esperaban -nunca supe igualmente cómo esperaban que reaccionemos- automáticamente te decían lo contrario. Y yo me preguntaba ¿cómo puedo pasar tan rápidamente a ser todo lo otro? Como una especie de castigo, de acción-reacción desmedida, que al fin y al cabo no sé con qué tenía que ver ¿con su ego? Bueno, nada, me hiciste acordar.

¿Recordás el momento en que decidiste que la música fuera tu medio de vida? ¿Cómo se dio ese proceso? ¿Sos independiente? 

C: Estoy evaluando firmar con algún sello por firmar con un sello, pero hasta ahora fui independiente siempre. Desde muy chiquita sabía que la música era lo mío. Con La Nena Transformer nos dimos cuenta de que podía funcionar. Ya no eran solo mis amigos los que iban a los recitales. Ahí me empezó a gustar ese vínculo con el público, al principio me daba pánico estar sobre un escenario. De hecho está filmado, hay grabaciones de los primeros recitales de La Nena, de día en una plaza y yo estoy roja, roja, roja (risas) ¡Es como una sesión de terapia en vivo!

Pero sí, ese vínculo con el vivo y con el público fue super construido, pasito a pasito. Al principio me moría, me parecía un horror, estaba ahí y decía “por qué hago esto, por qué hago esto, por qué hago esto” y después se me pasaba, me olvidaba; volvía a tocar y otra vez “por qué hago esto”. Hasta que en un momento empecé a construir un personaje. Porque por un lado soy muy tímida, muy introvertida, pero cuando era chica siempre jugaba a dar shows, me encantaba la perfo, quería darlo todo pero algo en mí me lo impedía. Entonces empecé a construir un personaje y a divertirme con eso.

La Nena Transformer fue un proyecto de mucho aprendizaje en ese sentido. Cuando terminó dije, “bueno, tengo una relación más saludable con esto, lo disfruto un poco más, no vomito antes de tocar, vamos por acá” (risas).

Después de la pandemia, más o menos en el 2022, todo tomó más forma y empecé a adquirir herramientas para decidir, por un lado, que esto sea mi pasión en la vida, pero también un producto que quiero vender. Así que, buscando el equilibrio entre estas dos cosas. 

A: ¿Qué esperas que suceda con tu música? ¿Cuándo sale el disco nuevo? 

C: Este año es un año de tomar muchas decisiones, pero lo único que espero es que crezca. Pienso la música -quizás ingenuamente- en un sentido comunitario, ir recopilando mejores amigas por el mundo ¡como Taylor Swift! Pero sí, me gustaría eso, que siga creciendo, llegar a más público y seguir siempre transformándome. Me da mucho miedo cuando un disco suena igual al anterior.

A: ¿No querés que suene igual al anterior?

C: No, sí tener una identidad en el tiempo, pero quiero siempre tener esa pulsión de cambio que siento que me mantiene fresca.

El disco nuevo ya está hecho, no está terminado, pero las canciones ya están. La idea es que salga esta primavera. 17 no forma parte de este álbum, fue como un borrón y cuenta nueva que hice en el medio, pero la idea de este disco es que sea un disco de amor.

A: ¡Leí que estás filmando una película también!

C: ¡Sí! Aún estamos en rodaje. La dirige Victoria Andino, amiga de Lucas Finocchi -cantante de Mostruo!- y él nos presentó. Actuar siempre estuvo en mi vida, me ayudó mucho a esto de crear un personaje para cantar. 

Y bueno, Victoria buscaba una protagonista para su historia, que es una chica de 25 años en La Plata, y empezamos a trabajar juntas. La peli habla de un tema que es muy de este momento, que es el exilio de los jóvenes. Quizás “exilio” es una palabra muy fuerte, pero de jóvenes que se van porque “no hay futuro acá”. Bueno, la protagonista es la que se queda y ve a sus amigas irse y a mí me parece re interesante ese lugar, porque yo siempre fui muy de “me quedo ante todo”, nunca me interesó irme a vivir al exterior. Argentina es tan buena, solo que ha sido muy mal querida, pobrecita.

A: La noche que internan al fotógrafo Pablo Grillo después de la represión en la marcha de los jubilados, yo estaba muy angustiada y hablaba con mi viejo -que es siempre más optimista que yo- y me decía: “Pasamos momentos muy difíciles en el país, pero hubo en el medio tiempos hermosos. Hay que hacer un mundo mejor”. ¿Vos crees que hay esperanza?

C: ¡Siempre creo que hay esperanza! Ru Paul (risas) dice que el optimismo es revolucionario, que el estado de ánimo es algo que se construye y que hay que preservarlo sobre todo en épocas como esta. Y coincido, en esta época, en la que el poder aspira a tirarnos para abajo, a machacarnos el ánimo, la esperanza y cualquier tipo de proyección, encontrar espacios donde seamos felices, es revolucionario.

A: Hacer del optimismo un compromiso…

C: Exacto. Siento que siempre va a haber tiempos hermosos por delante. Latinoamérica es una región golpeada permanentemente, precisamente por la riqueza que tiene. Tenemos que transmitir la importancia de preservar esa riqueza y, mientras el contexto no sea feliz, buscar esos espacios de felicidad por más pequeños que sean. En mis shows aspiro a que la gente salga como cuando salís del cine, después de ver una peli hermosa y decís “tengo ganas de vivir”.  

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Increíblemente (o no) la entrevista a Carmen y la ciudad de La Plata me encontraron otra vez en medio de una mudanza. Otra vez haciendo de soporte de algo que se me estaba haciendo incontenible y abrumador: mi mudanza de Capital Federal a Mar del Plata. 

Esa tarde, después de la charla en el café, el cielo se estaba aclarando –abriendo, como dicen- y yo caminé por calle 8 prestando más atención que la habitual, porque sabía que esa sería la última vez que caminaría en La Plata, al menos por tiempo indefinido.

De nuevo, la cosa zen de “disfrutar el presente” me tomó, yo me dejé tomar por eso, como un ejercicio, como cuando nos metemos en un agua muy fría y no existe otro instante posible más que ese, el de sentir lentamente cómo cala el frío. Esa tarde, la amalgama de nostalgia y disfrute fue mágica, total y todo, todo, funcionó.

TOP 3

  1. Un feat imposible |  Miguel Abuelo. Me encantaría, lo adoro, amo a los Abuelos de la Nada. Es también muy fundacional en mi vida.
  2. Una década favorita | Los ‘50. Cuando era chiquita era muy fanática de los Beatles y lloraba porque nunca iba a poder ir a un baile con una pollera plato y bailar twist ¡que era mi obsesión total!
  3. Un anhelo colectivo | Paz. En esta época del país -que es como un ciclo que se repite- una de las peores cosas que le hacen a la gente es ponerla en modo supervivencia. Y así uno no puede estar tranquilo con lo que tiene, con lo que vive, no se puede proyectar. Hay una sensación muy inquietante y creo que el antónimo de eso es la tranquilidad, así que le deseo tranquilidad a todo el mundo, económicamente, emocionalmente y socialmente.

Respuestas a2Carmen Sánchez Viamonte. Lo que arrasa es la determinación

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    El rock revive todos los días – Hablemos

    […] poco también leía una entrevista que le hizo An Muller a Carmen Sánchez Viamonte, donde Carmen dice que cree que Marilina hizo un aporte inconmensurable al rock nacional que […]

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  2. Romina Zanellato, el feminismo rockero al poder – Argentinos.es

    […] un disco, de lo que significó tal banda en sus vidas. El domingo estaba leyendo una nota a Carmen Sánchez Viamonte y ella dice: “Yo hago esto porque la vi a Marilina (Bertoldi) haciendo eso y me cambió […]

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